mano que disparó hace un año otro igual (ó por mejor decir el mismo) fundado en la mas Solemne, y mas atroz calumnia que pudo levantarse, para denigrar mi honor, y zaerir el de V. E. Hizose ver entonces, con pruevas incontestables, y la misma publicidad del hecho (ni aun los Niños por mi fortuna ignoravan en esa Ciudad la impostura) sér falza la Acusacion, manifestando al mismo tiempo el sugeto actór, y executor de la acción imputada Montesinos; pero lexos de ruborarse de su ligeresa y dar una satisfaccion proporcionada á la injuria como devia esperarse; ni menos mencionar corrección, ó Castigo alguno para el verdadero agresor; contextan desentendiéndose, y dándose como por satisfechos; al mismo paso que fraguan, y se arrojan á repetir el golpe insidiosamente por distinta mano, cueste lo que costase, y sea como fuere… efectos mui proprios de la altivez, y ciega emulación que les anima! no es el Delinquente a quien buscan, sino mi persona; Sea mas ignocente y pura que Sócrates!
En este supuesto, y precaver asi mismo dañados disignios, resolví Substraerme de tal authoridad, dirigiendo mi Viaje hacia Europa, por las Provincias AngloAmericanas del Norte; desde donde escriviere á su Magestad sobre el particular, suplicandole humildemente, se digne concederme su Salvoconducto para poder, sin ofrecerme victima al Podér de mis tiranicos enemigos, pasar á España á vindicar mi honór, en un Consejo de Guerra de hombres imparciales, exigiendo alli reparacion formal de mis agravios.
Nunca he temido (y V. E. es buen testigo) ni a los enemigos del Rey; ni á los emulos de V. E.; ni á los mios proprios, por mas orgullosos, y agigantados que se me haian manifestado. Siempre que he considerado abiertas las Puertas de la razon, y de la justicia — pero ahora que veo al proprio enemigo hecho un Juez arbitrario en su propria Causa, con la divisa Sic voló, sic juveo… no me parece prudente el compromiso: es esto una precaucion indispensable, no temor nimio!
El adjunto Documento de lo ocurrido en el Reyno de Nueva España el año de 70. Proximo con Dn. Miguel de Azanza, y sus inculpados Compañeros, es prueva irrefragable de mis fundados recelos,
mano que disparó hace un año otro igual (o por mejor decir el mismo) fundado en la más solemne y más atroz calumnia que pudo levantarse, para denigrar mi honor y zaherir el de V.E. Hízose ver entonces, con pruebas incontestables y la misma publicidad del hecho, (ni aun los niños por mi fortuna ignoraban en esa ciudad la impostura) ser falsa la acusación, manifestando al mismo tiempo el sujeto actor y ejecutor de la acción imputada Montesinos; pero lejos de ruborizarse de su ligereza y dar una satisfacción proporcionada a la injuria, como debía esperarse, ni menos mencionar corrección o castigo alguno para el verdadero agresor, contestan desentendiéndose y dándose como por satisfechos al mismo paso que fraguan y se arrojan a repetir el golpe insidiosamente por distinta mano, cueste lo que costase y sea como fuere… ¡Efectos muy propios de la altivez y ciega emulación que les anima! ¡No es el delincuente a quien buscan, sino mi persona; sea más inocente y pura que Sócrates!
En este supuesto, y precaver asimismo dañados designios, resolví sustraerme de tal autoridad, dirigiendo mi viaje hacia Europa por las provincias angloamericanas del Norte, desde donde escribiré a Su Majestad sobre el particular, suplicándole humildemente, se digne concederme su salvoconducto para poder,sin ofrecerme víctima al poder de mis tiránicos enemigos, pasar a España a vindicar mi honor, en un consejo de guerra de hombres imparciales, exigiendo allí reparación formal de mis agravios.
Nunca he temido (y V.E. es buen testigo) ni a los enemigos del Rey, ni a los émulos de V.E., ni a los míos propios, por más orgullosos y agigantados que se me hayan manifestado, siempre que he considerado abiertas las puertas de la razón y de la justicia, pero ahora que veo al propio enemigo hecho un juez arbitrario en su propia causa, con la divisa sic voló, sic juveo… no me parece prudente el compromiso; es esto una precaución indispensable, no temor nimio!
El adjunto documento de lo ocurrido en el Reino de Nueva
España el año de 70, con don Miguel de Azanza y sus inculpados compañeros, es prueba irrefragable de mis fundados recelos