Colombeia

y del Caracter del adversario: cierta identidad en el procedimiento, y una tan Clara demostración de hechos Publicos y autenticos, no me parece pueden dexar duda, aun á los mas parciales, de las consequencias que devia io esperar… ¿y si esto fue quando su authoridad era precaria y limitada; que será ahora que es total, y absoluta?— Sin detenerme (por no sér prolixo) en citar á V. E. casi iguales exemplares ocurridos con sugetos del primer Caracter en la monarquía que acavan de sucedér, y estan sucediendo cada dia, con no pequeña admiración y escandalo de todos.—ni tampoco ingerirme en evidenciar lo pasado poco hace en el Guarico con cierto Personaje de la propia estirpe; que dejarían puede ser absortos aun á sus mismos Sicophantes, como dejó á los extrangeros de aquella Colonia que supieron el hecho de la verdad en bastante perjuicio del decoro, y crédito nro nacional; por cuia razon unicamente, suprimiré io ahora la exposicion del hecho, interin de la defensa natural; y disparidad del contrario, me llama al uso de todas Armas. V. E. por Larga experiencia save, con quanto amór, y celo he servido á su Magd., y a mi Patria, sin perdonar fatiga, gastos, ni desvelos en adquirir quantos conocimientos he creido conducentes al intento: constale tambien las fuertes persecusiones, con que en vano ha procurado la emulacion distraerme siempre de tan laudable objeto — y asi espero tener la satisfaccion, de que vea igualmente hasta donde liega el termino de mi constancia, y de mi fidelidad; pues a pesar de quanto llevo expuesto, y de las gravisimas injurias y atropellamientos que tengo experimentado; solo en el duro caso de negarseme el sér oido, y juzgado por tribunal Competente, como qualquier vasallo lo tiene de derecho, miraria con otro semblante los intereses de aquella Patria, y Soberano por quienes tantas veces he ofrecido mis trabajos, mis bienes, y mi vida! Conozco Señor Exmo., que mi carácter ni es abatido ni tiene aquel humilde sometimiento, que tal vez se requiere para subir sin trabajo la sima de la fortuna, á expensas de la buena hombría, según el aphorismo corrte. De que para quien ama la Lisonja, es enemigo declarado el que no es adulador: y asi jamas he apetecido
y del carácter del adversario; cierta identidad en el procedimiento y una tan clara demostración de hechos públicos y auténticos, no me parece pueden dejar duda, aun a los más parciales, de las consecuencias que debía yo esperar… ¿Y si esto fue cuando su autoridad era precaria y limitada, qué será ahora que es total y absoluta? Sin detenerme (por no ser prolijo) en citar a V.E. casi iguales ejemplos ocurridos con sujetos del primer carácter en la Monarquía, que acaban de suceder y están sucediendo cada día, con no pequeña admiración y escándalo de todos, ni tampoco injerirme en evidenciar lo pasado poco hace en el Guarico con cierto personaje de la propia estirpe, que dejarían quizás absortos aun a sus mismos sicofantes, como dejó a los extranjeros de aquella colonia que supieron el hecho de la verdad en bastante perjuicio del decoro y crédito nuestro nacional; por cuya razón únicamente suprimiré yo ahora la exposición del hecho, ínterin la defensa natural y disparidad del contrario me llama al uso de todas armas. V. E. por larga experiencia, sabe con cuánto amor y celo he servido a Su Majestad y a mi patria, sin perdonar fatiga, gastos ni desvelos en adquirir cuantos conocimientos he creído conducentes al intento. Cónstale también las fuertes persecuciones con que en vano ha procurado la emulación distraerme siempre de tan laudable objeto, y así espero tener la satisfacción de que vea igualmente hasta dónde llega el término de mi constancia y de mi fidelidad, pues a pesar de cuanto llevo expuesto y de las gravísimas injurias y atropellamientos que tengo experimentado, sólo en el duro caso de negárseme el ser oído y juzgado por tribunal competente, como cualquier vasallo lo tiene de derecho, miraría con otro semblante los intereses de aquella patria y Soberano por quienes tantas veces he ofrecido mis trabajos, mis bienes y mi vida! Conozco Señor Excmo., que mi carácter ni es abatido ni tiene aquel humilde sometimiento que tal vez se requiere para subir sin trabajo la cima de la fortuna, a expensas de la buena hombría, según el aforismo corriente de que para quien ama la lisonja, es enemigo declarado el que no es adulador; y así jamás he apetecido