Colombeia

Nota P Exmo. Señor. Mui Señor mió, y de mi maior veneración: Un accidente inopinado, y de extrañas circunstancias dá motivo á esta Carta — Siento que el asunto pueda añadir tal vez alguna desazón, y trastorno al cumulo de Negocios graves, que sobre si tiene V. E. en el dia; pero quédame la satisfacción, de que ni he minis­trado causa para ello, ni cabe en mi poderlo remediar — Vamos al caso, y vera V. E. todo el Suceso. Hallavame, con el permiso de V. E., en el Lugar de Regla tomando los aires, Ínterin se metia Lastre, y recorría un poco la Fragata que nos conducía á España (motivo por que arrivamos) y antes de aier se apareció en la casa donde asistía un Ayudte. Del Señor Governadór, y Capitán general de esta Ysla inquiriendo por mi persona que justamente estaba fuera de casa; y se fue, ofreciendo bolver luego—. Poco despues, y antes de llegar io á ella, supe confidencialmente, que de positivo se avia dado orden para arrestarme, privado de toda comunicación por escrito, ó de palabra: y que esto Dimanava de Pliegos que la noche anterior avian llegado en un Correo del Guarico, ó España. Suspendí entonces la intencion de bolverme á la Posada, y me dirigi á la de un Amigo, para evitar de contado el atropellamiento; indagar más el asunto; reflexarlo mejor; y tomar el partido mas conducente —. Alli me ratificaron varios otros lo mismo: de suerte, que combinando todos estos antecedentes, con las ocurrencias anteriores que save V. E., y el modo furtivo y extraño con que el Governador procedia en su Providencia de arresto, desviandose enteramente del orden legal militar; pues hallandome io en terminos de servicio, ia embarcado á las ordenes, é inmediación de la persona de V. E., era lo derecho pasarle oficio manifestando el fundamento que huviese para el procedimiento: no me quedo ia la menor duda, de que el golpe venia dirigido con toda malicia, por la misma
Nota P Excmo. Señor. Muy señor mío y de mi mayor veneración: Un accidente inopinado y de extrañas circunstancias, da motivo a esta carta. Siento que el asunto pueda añadir, tal vez, alguna desazón y trastorno al cúmulo de negocios graves que sobre sí tiene V.E. en el día; pero quédame la satisfacción de que, ni he ministrado causa para ello, ni cabe en mí poderlo remediar. Vamos al caso, y verá V.E. todo el suceso. Hallábame, con el permiso de V.E., en el lugar de Regla tomando los aires, ínterin se metía lastre y recorría un poco la fragata que nos conducía a España, (motivo por que arribamos) y anteayer se apareció en la casa donde asistía, un ayudante del señor Gobernador y Capitán General de esta Isla, inquiriendo por mi persona que justamente estaba fuera de casa; y se fue ofreciendo volver luego. Poco después, y antes de llegar yo a ella, supe confidencialmente que de positivo se había dado orden para arrestarme, privado de toda comunicación por escrito o de pala­bra, y que esto dimanaba de pliegos que la noche anterior habían llegado en un correo del Guarico o España. Suspendí entonces la intención de volverme a la posada y me dirigí a la de un amigo, para evitar de contado el atropellamiento, indagar más el asunto, reflexionarlo mejor y tomar el partido más conducente. Allí me ratificaron varios otros lo mismo; de suerte, que combinando todos estos antecedentes con las ocurrencias anteriores que sabe V.E. y el modo furtivo y extraño con que el Gobernador procedía en su providencia de arresto, desviándose enteramente del orden legal militar, pues hallándome yo en términos de servicio, ya embarcado a las órdenes e inmediación de la persona de V.E., era lo derecho pasarle oficio manifestando el fundamento que hubiese para el procedimiento. No me quedó ya la menor duda de que el golpe venía dirigido con toda malicia, por la misma