Por otra parte me hallo con un Secretario que si lo conservo es porque el Rey lo ha puesto á este Gobierno, no por que halle en el suficiencia á desempeñar su encargo. Hasta poco antes de ahora lo havia tocado inepto, y ya lo comienzo á sospechar infiel por emulación, y por contemporización á otros respectos de que devia abstenerse. Una carta de alguna importancia no pone sin imperfecciones, y necesita valerse de los mismos que lo atrahen para penetrar por él los Arcanos del Gobierno, que por mi les niego. Asi sale de mi Secretaria, y se save por él, lo que devia ser mas reservado en ella.
Si separado Miranda de mi Lado, no tomara yo otro en su lugar, me haria responsable, sin embargo de la inaptitud del, Secretario á lo que dejara de obrar por ella: pues el Rey no me liga a hacerlo por los conductos que me franquea, quando no los considere útiles á el servicio, á que me hace respon. Sable. Y si eligiere otro de quien valerme con satisfacción, ni este gustará exponerse á las resultas que sufre Miranda, ni dejarían de continuar contra este las mismas imposturas y Calumnias: por que no se mira á el sugeto, sino a la emulación y a qualquiera que la cause, se supondrán igualmente las que no padezca.
Yo no puedo menos que recomendar á V. E. que esta es la Causa parcial de maior momento, que priva á el Rey de los mejores oficiales y Mnistros atrasando su Rl. Servicio. A ver desarrollar una avilidad ú aplicación que no puede ofuscarse por el Camino recto, se toman los mas torcidos que ministra la emulación, y por que no acuse la inaplicación, y poco celo de los demás, se desacreditan con carácter de entusiasmos, los estudios, y discursos mas importantes, privando de ellos al Estado.
Nadie seria inocente, si bastase su acusación para no serlo : y mucho menos en estos Paises, donde sabe V. E. con practico conocimiento; quanto inf luie la Dominación, y Curiosidad de penetrar los mas secretos arcanos sin perdonar para ello los, medios mas reprovados. Yo aseguro que no se haia dado, ni dará prueba de lo que se ha informado á el Rey contra Miranda, y si basta un falso informe para resolver contra tan inmediatos Dependientes mios, sin pedir ni esperar el que yo dé: prepare V. E. los oydos, y yo el sufrimiento para no valerme de quienes necesite, para no sacrificarlos á la emulación.
En efecto el Comandante General del Exercito, recobro á sus ordenes á Dn. Franco. De Miranda, distinguiéndolo con el carácter
Por otra parte, me hallo con un secretario que si lo conservo es porque el Rey lo ha puesto en este Gobierno, no porque halle en él suficiencia a desempeñar su encargo. Hasta poco antes de ahora lo había encontrado inepto, y ya lo comienzo a sospechar infiel por emulación y contemporización a otros respecto de que debía abstenerse. Una carta de alguna importancia no pone sin imperfecciones y necesita valerse de los mismos que lo atraen para penetrar por él los arcanos del Gobierno, que por mí les niego. Así sale de mi secretaría, y se sabe por él lo que debía ser más reservado en ella.
Si separado Miranda de mi lado, no tomara yo otro en su lugar, me haría responsable a pesar de la ineptitud del secretario, a lo que dejara de obrar por ella, pues el Rey no me liga a hacerlo por los conductos que me franquea, cuando no los considere útiles al servicio a que me hace responsable. Y si eligiere otro de quien valerme con satisfacción, ni éste gustará exponerse a las resultas que sufre Miranda, ni dejarían de continuar contra éste las mismas imposturas y calumnias, porque no se mira al sujeto, sino a la emulación y a cualquiera que la cause, se supondrán igualmente las que no padezca.
Yo no puedo menos que recomendar a V.E. que ésta es la causa parcial de mayor momento, que priva al Rey de los mejores oficiales y ministros, atrasando su Real servicio. Al ver desarrollar una habilidad o aplicación que no puede ofuscarse por el camino recto, se toman los más torcidos que ministra la emulación y porque no acuse la inaplicación y poco celo de los demás, se desacreditan con carácter de entusiasmo, los estudios y discursos más importantes, privando de ellos al Estado.
Nadie sería inocente si bastase su acusación para no serlo, y mucho menos en estos países donde sabe V.E. con práctico conocimiento, cuánto influye la dominación y curiosidad de penetrar los más secretos arcanos sin perdonar para ello los medios más reprobados. Yo aseguro que no se haya dado ni dará prueba de lo que se ha informado al Rey contra Miranda, y si basta un falso informe para resolver contra tan inmediatos dependientes míos, sin pedir ni esperar el que yo dé, prepare V.E. los oídos, y yo el sufrimiento, para no valerme de quienes necesite, para no sacrificarlos a la emulación.
En efecto, el Comandante General del Ejército recobró a sus órdenes a Don Francisco de Miranda, distinguiéndolo con el carácter