Colombeia

era mi designio desembarcar; pero el buen capitán Wilson, ya sea porque el viento no fuese mui favorable, ó por que á el no le acomodase, que es lo mas cierto, prosedio desde luego a la Carolina del Norte sin embargo del ajuste y promesa que dio á mi Amigo James Seagrove de llevarme a Charlestown; no parece que es hombre delicado en este genero de materias. Junio 8 1783. El ocho por la tarde recivimos Piloto, pasamos la barra de Occracoke, y dimos fondo en la Sonda inmediato á un pequeño iugarejo que está sobre el banco Core, y es la avitacion de los Pilotos que conducen las embarcaciones que llegan a dha Barra—. Quantas gentes vinieron a nuestro bordo en el bote del Piloto me parecieron sumamfe robustos y corpulentos; lo mismo noté en las mujeres y niños que vi después; las gentes del Pais atribulen este efecto al alimento que no es más que pescado, ostras, y algunos vegetables que cogen en unos pequeños jardines que cerca de las avitaciones cultivan, y es quania agricultura les he conosido: la jente de mar repugna siempre toda idea de agricultura: el aire del mar creo contribuie principalmte a la salubridad del paraje, y no dudo que el pescado compuesto en el simple modo que ellos le comen contribuía a la procreación extraorda, pues lo mismo se observa con la jente pobre en Malaga, y otros puertos de
era mi designio de­sembarcar. Pero el buen capitán Wilson, ya sea porque el viento no fuese muy favorable, o porque a él no le acomodase, que es lo más cierto, prosiguió hasta la Carolina del Norte, a pesar del ajuste y promesa que dio a mi amigo James Seagrove de llevarme a Charlestown. No parece que es hombre delicado en este género de materias. 8 de junio 1783. El 8 por la tarde recibimos piloto, pasamos la barra de Occracoke y dimos fondo en la sonda inmediata a un pequeño lugarejo que está sobre el Banco Core y es donde viven los pilotos que conducen las embarcaciones que llegan a dicha barra. Cuantas gentes vinieron a nuestro bordo en el bote del piloto me parecieron sumamente robustos y corpulentos, lo mismo noté en las mujeres y niños que vi después; las gentes del país atribuyen este efecto al alimento, que no es más que pescado, ostras y algunos vegetales que cogen en unos pequeños jardines que cultivan cerca de sus casas y es cuanta agricultura les he conocido, ya que la gente de mar repugna siempre toda idea de agricultura. El aire del mar, creo, contribuye principalmente a la salubridad del paraje, y no dudo que el pescado, compuesto en el simple modo que ellos lo comen, contribuya a la procreación extraordinaria, pues lo mismo se observa con la gente pobre en Málaga y otros puertos de