mar—. la Viruela parece que es su enemigo capital, pues antes de llegarse a nuestra embarcación nos hizieron hacer mil pretextas de que tal contagio no venia á bordo.— Los botes de que se sirven son de una excelente construcción para la mar, y asi se aventuran largo con todos tiempos; su Construcion, y tamaño no se diferencia al parecer de los que usan nuestros navios de guerra sino en que estos en lugar de popa tienen otra proa de modo que rompen acia todas partes sin la precisión de virar y que son sumamente ligeros; sus galigos y delgados me paresen tambn mui diversos: la construcion es tan barata en estos parages, que por uno de los mejores me pidió el amo ochenta pesos, y no dudo que si hubiéramos venido á ajuste lo huviera dado por setenta.
1783.—Junio 9
El nueve a las diez de la mañana nos hizimos a la vela en demanda de Newberne, y aviendo navegado como quarcnta millas en todo el resto del dia y noche por esta sonda que es bastante peligrosa (hace pocos años que se perdieron en ella mas de 60 velas mercantes que componian un gran comboi que estava aquí al ancla; sin que quiera suponerse seria tal vez falta de buenos Pilotos, pues los que hay alli son en mi
mar. La viruela parece que es su enemigo capital, pues antes de llegar a nuestra embarcación nos hicieron hacer mil promesas de que tal contagio no venía a bordo. Los botes de que se sirven son de una excelente construcción para la mar, y así se aventuran largos con todo tiempo. Su construcción y tamaño no se diferencia, al parecer, de los que usan nuestros navíos de guerra, sino en que éstos, en lugar de popa tienen otra proa, de modo que rompen hacia todas partes sin la precisión de virar y que son sumamente ligeros. Sus "gáligos" y delgados me parecen también muy diversos. La construcción es tan barata en estos parajes, que por uno de los mejores me pidió el amo ochenta pesos, y no dudo que si hubiéramos venido a ajuste, lo hubiera dado por setenta.
9 de junio 1783.
El nueve a las diez de la mañana nos hicimos a la vela rumbo a Newberne, y habiendo navegado como cuarenta millas en todo el resto del día y noche por esta sonda que es bastante peligrosa (hace pocos años que se perdieron en ella más de sesenta velas mercantes que componían un gran convoy que estaba anclado aquí, sin que pueda suponerse sería tal vez falta de buenos pilotos, pues los que hay allí son, en mi