Colombeia

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abolida respira apenas, la tierna madre de Rusia, sin tomar en cuenta la diferencia de religiones, ceremonias, moral y costumbres, ha creado por su legislación divina y la sabiduría de su gobierno, la felicidad de los numerosos pueblos que la providencia divina ha reunido bajo el Cetro Imperial de esta gran Princesa, y también el glorioso reino de los otros soberanos del Norte hace honor a la humanidad. No deseche este proyecto, Gran Monarca, por el hecho de que tantos de vuestros ilustres predecesores y otros grandes soberanos —cuyo glorioso recuerdo, eternizado por la historia, es tan estimado por la posteridad— no se hayan ocupado de convertir a los judíos en hombres, sin tocar la religión, las ceremonias y las costumbres de sus antepasados, porque tal vez, hayan previsto que el modo general de pensar de la época mencionada anteriormente, pondría un obstáculo insuperable al sello de este asunto, o quizá, hayan sido impedidos por algunas circunstancias ignoradas por la posteridad, ya que a cada cosa su momento y a todo asunto su tiempo, como dice Salomón. Perdonad, Gran Rey Apostólico, que arrojándome a vuestros pies, me atreva a suplicar que os dignéis, Señor, observar antes del comienzo de este asunto que, al igual que un remedio eficaz no puede actuar sino sobre un cuerpo ya preparado, no habría