y visto que gran número de esos mismos hombres valerosos, han sido privados injustamente de todos sus bienes e indignamente echados por millares de sus domicilios, sin provocar desórdenes ni revueltas, no se podría, sin injusticia, rehusarles sentimientos virtuosos.
En el nombre de Dios y de la humanidad, Gran Emperador, juzgad el espíritu nacional de los hebreos y dignaos sacar en conclusión, si gentes de esta especie, instruidas y cultas no serían capaces de ser útiles a los Estados, al comprobar sus propias ventajas, y si, estimuladas por la ambición, ese móvil universal de la industria humana que ha creado tantos grandes hombres y hecho alternativamenmente daño y bien a la sociedad, ¿no defenderían la patria hasta la última gota de su sangre?
Por otra parte, es algo evidente y sin contradicción que los hebreos son en general, sobrios, laboriosos, inteligentes, espirituales, emprendedores y tienen por lo tanto, todas las cualidades necesarias para convertirse en buenos burgueses, hábiles artesanos, militares valerosos, dóciles e infatigables, y hasta agricultores laboriosos, si se quisieran emplear medios adecuados que, por los preceptos de la educación, inspirasen un espíritu patriótico sin violar la ley ni su tradición y sin tratarlos con desprecio; pero hasta el presente, no se ha pensado en este medio.
Por favor, Señor, poned en marcha esta gran obra, incorporad al Estado tantos miles de hombres que el nombre de judío ha hecho extranjeros y aún odiosos, en contra de los principios de la humanidad y el sistema de la sabia y verdadera política. Quizá, el Ser Supremo haya reservado a Vuestra Majestad Imperial la gloria de este importante asunto, pues es hermoso para un Rey de Jerusalén ser el restaurador de sus burgueses y es digno de un Jefe de Príncipes dar el ejemplo al mundo cristiano de una tan útil y grandiosa empresa. Mientras la superstición