Colombeia

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Pero en el siglo ilustrado en que vivimos, en el tiempo feliz en que el hombre piensa, escribe y habla impunemente, pues los tronos están ocupados por Príncipes filósofos, sus administraciones por ministros ilustrados y cuidadosos de seguir el ejemplo de sus soberanos, para dar la felicidad al pueblo, y hasta las cátedras son dirigidas por un clero docto y virtuoso, aplicado en instruir a los hombres, predicando la moral pura de una doctrina divina que convenza el corazón de los hombres sin oprimir sus facultades de pensar, ¿no sería criminal callarse en este tiempo en que se puede hablar? ¿Vis a vis de un Cophnat Paneag? (g). Vis a vis de la sagrada persona de José Segundo, que se digna enterar detalladamente de todos los asuntos del gobierno, para ver y conocer por sí mismo todos los medios propios para aumentar la felicidad de sus pueblos. Heme aquí pues, prosternado a los pies del Trono de Vuestra Majestad Imperial y me permito presentarle lo que sigue: la historia antigua y moderna es un testigo verídico de que los cuidados paternales de varios grandes y virtuosos soberanos han sido el principio y fundamento de la felicidad de tantos seres, orgullosos actualmente de su gloria. Y solamente el pueblo judaico ha tenido siempre la desgracia de ser ignorado, despreciado y oprimido en casi todas partes, ¿hay que sorprenderse si tiene algunos defectos? ¿Y no es un gran milagro que exista y conserve todavía una semejanza con el género humano, estando oprimido por todos lados, privado de todos los medios que le permitan distinguirse en la sociedad civil, y mirado como criaturas sin sentimiento que no sirven para nada? Ciertamente, no se puede acusar de cobardía a gentes que han tenido el valor de sostener opiniones a expensas de su propia vida y de aquella que es la más sagrada y preciosa a los hombres, (g) Cophnat Paneah, significa el que revela los misterios y a José le llamaban así en Egipto. Génesis, Capítulo 41, Versículo 45.