Colombeia

Noviembre 1.2. este ultimo dia ha tenido su Pratica, ó soltura mi Compo mr. Roux; que & las 10. de la mañana, después de averie perfumado la ropa, y aun los baúles (válgame Dios quantas absurdidades!... ) lo pasaron á Chersona (t)—yo sin embargo que vivia junto; y qe. en el mismo dia parti de Bouyukdere, no soi aun admisible.—Ha estado á visitarme en compa del Cónsul de Polonia, Mr. Cadogan, que antes qe. io partió para Tierra de Constantinopla, y venia con designio de dar una vista á la Crimea; mas el fuerte frió que hace ia le han desanimado á prosedér adelante—y mañana emprende su viage de buelta á Vierta, para buscar un remedio á su ojo, que io me temo lo perderá, á las fronteras de Polonia le hicieron hacer 6 dias solo de quarentena.—Un lance pesado me hiva ocurriendo con el tufo del carbón que por necesidad estamos obligados á quemar para preservarse del frió; pr. que las estuvas son como hornos de Ladrillo q°. necesitan un fuego de ocho dias pa recalentarse—de modo que al hirme á acostar pr. la noche me dá un tal desmaio, y ansias de bomitár, que á no avér abierto todas las puertas y ventanas inmediatamte. para qvie se renovase el aire; una sufocación hirviera terminado mi vida!... feliz qui potuit rernm cognosere Causas… (t) Entre las cosas que he aprendido de este famoso epicúreo—una es como auientár las moscas de sobre un Liquido qualquiera: y es poniendo a flotar una rebanadilla de corcho.—la otra, que para qe. El sumo de la
1° y 2º de noviembre. Este último día ha tenido su práctica, o soltura, mi compañero el señor Roux, que a las diez de la mañana, después de haberle perfumado la ropa y aún los baúles —válgame Dios cuántas absurdidades— lo pasaron a Kherson. Yo, sin embargo, que vivía junto y que en el mismo día partí de BuyukDeré, no soy aún admisible. Entre las cosas que he aprendido de este famoso epicúreo, una es cómo ahuyentar las moscas de sobre un líquido cualquiera y es poniendo a flotar una rebanadilla de corcho. Al otro, que para que el zumo de la cebolla no salte a los ojos de quien la corte, poner un pedacito de pan en la punta del cuchillo y es infalible. Ha estado a visitarme, en compañía del Cónsul de Polonia, el señor Cadogan que antes que yo partió por tierra de Constantinopla y venía con designio de dar una vista a la Crimea. Mas el fuerte frío que hace ya, le ha desanimado a proseguir adelante. Mañana emprende su viaje de vuelta a Viena para buscar un remedio a su ojo, que yo temo lo perderá. En las fronteras de Polonia le hicieron hacer solo seis días de cuarentena. Un lance pesado me iba ocurriendo con el tufo del carbón que por necesidad estamos obligados a quemar para preservarse del frío, porque las estufas son como hornos de ladrillo que necesitan un fuego de ocho días para recalentarse. De modo que al irme a acostar por la noche, me da un tal desmayo y ansias de vomitar que, de no haber abierto todas las puertas y ventanas inmediatamente para que se renovase el aire, una sofocación hubiese terminado mi vida… «Félix qui potuit rerum cognoscere causas!»