Colombeia

no teniendo mejor cosa que ofreserme, me dio un pedazo de un Pan que traía en la mano… es cosa que he observado, en estas gentes, de que el menor beneficio ó paga que de qualquiera resivan, les hace considerar aquella persona con cariño y gratitud… quantas veces me sucedió en Constantinopla, de que aviendo tomado un kaikio para hir á esta parte, ú la otra; aquel kaikier ó turco no me veia jamás, que no viniese inmediatamte. á hablarme, y saludarme—muchos me han asegurado en Pera, que si alguna vez emplean algún Turco para hacerles algún trabajo en Casa aquel hombre no se olvida jamás de la familia, y viene al menos una vez en la semana á informarse de su salud (Mada M. entre otros me Contava de uno qe. la avia compuesto un sophá; y no faltava desde entonces, de venir á informarse de los criados pr. la salud de todos)—La policía interior es otra cosa maravillosa, pues sin embargo de la Populosidad y riquesa que hai en las tiendas de Constantinopla, jamas se oie un hurto y io he visto al mercante hirse y dexár su tienda abierta, llegar uno á comprar, y el vesino dexar la suia para venir á vender por el ausente, y después retirarse sin que se oiga nunca que en esto se comete el menor fraude.—las Puertas de las casas á penas tienen con que serrarles, y tampoco sucede desorden notable… la guardia sin embargo no lleva mas armas qe.
no teniendo mejor cosa que ofrecerme, me dio un pedazo de pan que traía en la mano. Es cosa que he observado en estas gentes, de que el menor beneficio o paga que de cualquiera reciban, les hace considerar aquella persona con cariño y gratitud. Cuantas veces me sucedió en Constantinopla de que, habiendo tomado un caique para ir a esta parte o la otra, aquel caiquero turco no me veía jamás que no viniese inmediatamente a hablarme y saludarme. Muchos me han asegurado en Pera, que si alguna vez emplean algún turco para hacerles algún trabajo en casa, aquel hombre no se olvida jamás de la familia y viene al menos una vez en la semana a informarse de su salud. La señora Michel, entre otras, me contaba de uno que le había compuesto un sofá y no faltaba, desde entonces, de venir a informarse por los criados, de la salud de todos. La policía interior es otra cosa maravillosa, pues sin embargo de la multitud y de la riqueza que hay en las tiendas de Constantinopla, jamás se oye de un hurto. Yo he visto al mercante irse y dejar su tienda abierta, llegar uno a comprar y el vecino dejar la suya para venir a vender por el ausente y retirarse después sin que se oiga nunca que en esto se comete el menor fraude. Las puertas de las casas apenas tienen con que cerrarlas y tampoco sucede desorden notable. La guardia, sin embargo, no lleva más armas que