Colombeia

de 20. piasts., y ahorrándome 42. dias de la mas penosa quarentena, que irremisiblemte. Me harian hacer si seguía por mar… el asunto me alarmó inmediatamte., pregunté seriamente al sugeto si lo que me informava era bien positivo! y si io podría obtener escorta y bagaje del Pacha?,—Yo soi practico me respondió el sugeto, y si vmd. gusta venga con migo que le alojare en mi casa, y á la punta del dia lo pondré en marcha, como lo tengo hecho con otras personas de forma &c… recogí mi bagaje, y con el mismo me fui á tierra donde llegamos á una hora de noche; y me introduxo en una Casucha en qe. vivían sus compañeros—de estos me comensé á informar á cerca de mi partida, y hallé que la cosa no era tan fácil ni barata como el otro lo suponía, ni qe. tal Posta existia; mas que se podia componer el asunto—comimos unos huevos, y nos fuimos a dormir como serdos en el mismo quarto qe. estava descubierto pr. mui buena parte de su techo… gras. á mi colchón.— 2. A la punta del dia nos pusimos todos de pie, y io no hallava un Demonio qe. Hablase por mi, para tener un bagaje y marcharme—el que me ofreció el dia antes todo, no tenia berguenza de verme en esta cituacion, y trataba solo de desembarcar su aguardiente.—en fin á eso de ias 8. de la mañana paresio el mercante pral. De dha casa llamado Nicoló Diascuffi, griego natural de la Isla de Scia, que se ofreció á venir con migo á
de 20 piastras y ahorrándome 42 días de la más penosa cuarentena que irremisiblemente me harían seguir si seguía por mar. El asunto me alarmó inmediatamente. Pregunté seriamente al sujeto si lo que me informaba era bien positivo y si yo podría obtener escolta y bagaje del Pacha. Yo soy práctico, me respondió el sujeto, y si Vmd. gusta, venga conmigo que lo alojaré en mi casa y a la punta del día lo pondré en marcha, como lo tengo hecho con otras personas de forma, etc. Recogí mi bagaje y con el mismo me fui a tierra, donde llegamos a una hora de noche y me introdujo en una casucha en que vivían sus compañeros. De éstos me comencé a informar acerca de mi partida y hallé que la cosa no era tan fácil ni barata como el otro suponía, ni que tal Posta existía, más que se podía componer el asunto. Comimos unos huevos y nos fuimos a dormir como cerdos en el mismo cuarto, que estaba descubierto por muy buena parte de su techo… gracias a mi colchón. 2 de octubre. A la punta del día nos pusimos todos de pie y yo no hallaba un demonio que hablase por mí, para tener un bagaje y marcharme. El que me ofreció el día antes todo, no tenía vergüenza de verme en esta situación y trataba solo de desembarcar su aguardiente. En fin, a eso de las ocho de la mañana apareció el mercante principal de dicha casa, llamado Nicolo Diascuffi, griego natural de la isla de Chio, que se ofreció a venir conmigo a