de Plinio) y sobre una de ellas un pedazo de columna, que se dice la Colona de Pompeo; y según me párese al examen que con mi anteojo pude hacer mui bien, no es otra cosa qe. un altar ó ara antigua rotonda para sacrificios (probablemte. de los que navegavan en el mar negro, periculosisimo en su opinión) lo que comprueba su altura (como 5 pal:) y los adornos de festones soportados por arietes, que la sirculen en la parte superior… otro monumento también nominado, como los dos anteriores— aqui comensamos á desembocar en el mar negro, cuias ondas venian tan gruesas, que fué necesario baxár algunas velas superiores—sobre una y otra parte de dha embocadura, esto es en Europa, y Asia, hai dos lugarejos llamados Fener burnú, pr. dos fanales que en ellos se elevan, para marcar la embocadura de noche á los Navegantes… la mala disiplina que en esto se observa, sirve muchas veces para hacerlos peresér, y los efectos del naufragado pagan muchas veces al malvado!.—Podia mui bien el govierno formar un muelle desde Constantino pía a esta embocadura sin mucha dificultad (una parte está ia hecha pr. Murat IV.) por donde remolcados los bastimentos se ahorrarían los terribles retardos que hacen aguardando vientos, ya de una u de la otra parte… la naturaleza misma lo tenia ia formado; mas la ignorancia puso sus
de Plinio —y sobre una de ellas un pedazo de columna que se dice la Columna de Pompeyo. Según me parece al examen que con mi anteojo pude hacer muy bien, no es otra cosa que un altar o ara antigua, rotonda, para sacrificios, probablemente de los que navegaban en el Mar Negro, peligrosísimo en su opinión. Lo comprueba su altura, como cinco palmos, y los adornos de festones sostenidos por arietes que la circundan en la parte superior... otro monumento, también denominado como los dos anteriores. Aquí comenzamos a desembocar en el Mar Negro, cuyas ondas venían tan gruesas que fue necesario bajar algunas velas superiores. Sobre una y otra parte de dicha embocadura, esto es, en Europa y Asia, hay dos lugarejos llamados «Fener Burnú» por dos fanales que en ellos se elevan, para marcar la embocadura de noche a los navegantes. La mala disciplina que en éstos se observa, sirve muchas veces para hacerlos perecer y los efectos del naufragado pagan muchas veces al malvado. Podía muy bien el gobierno formar un muelle desde Constantinopla a esta embocadura sin mucha dificultad —una parte está ya hecha por Murat IV— por donde, remolcadas las embarcaciones, se ahorrarían los terribles retardos que hacen aguardando vientos, ya de una o de la otra parte. La naturaleza misma lo tenía ya formado, mas la ignorancia puso sus