Colombeia

ha sido esclavo, hizo jamas exfuerzo para recobrar la Libertad cuio bien no conose… pasamos luego al Jardin donde la misma compañía estuvimos hasta el anochesér: y me contó las humillaciones y baxezas qe. él (y los demás ministros Christianos) experimentan en la audiencia que les dá el gran Señor: vistiéndolos primero á su moda con vestidos qe. les obligan a resivir á él, y toda su Comitiva: tenerlos sugetos por los brazos hacerles baxár la Cabeza: aguardar para qe. pasen primero todos los oficiales del Serrallo &c. en fin cosas las mas indignas, y repugnantes al decoro nacional y personal de las potencias cristianas! y luego queremos que los Turcos que ven esto consivan buena opinión de nosotros!... — de aquí me fui á casa para examinar un Paquete que Mr. Alderberg me avia traido esta mañana de Belgrado, y no encontrándome en tierra, (pues un viento qe. Sopló repentinamte. En la noche nos hizo levar, y luego soltar el ancla en frente de Saryari dos millas mas arriva) lo avia dejado al sr. Conde de Ludolf que me lo embio donde comi—este contenia un Presente mui curioso que me hacia Mr. Y mad Heidenstam, de un curiosísimo Almanac turco, y dos carteras bordadas en marroquin con sumo gusto, y con ios nombres de la familia y el mió inserto—en fin resolvi responderles á voca al dia sigte. Pues el conde, y Condesa Jov". De Ludolf determinavan hir en coche y me avian convidado con un asiento, para bolvernos al anochesér qe. Era lo qe. A
ha sido esclavo, hizo jamás esfuerzo para recobrar la libertad, cuyo bien no conoce. Pasamos luego al jardín, donde estuvimos la misma compañía hasta el anochecer y me contó las humillaciones y bajezas que él y los demás ministros cristianos, experimentan en la Audiencia que les da el Gran Señor, vistiéndolos primero a su moda, con vestidos que les obligan a recibir, a él y a toda su comitiva; tenerlos sujetos por los brazos, hacerles bajar la cabeza, aguardar para que pasen primero todos los oficiales del Serrallo, etc. En fin, cosas las más indignas y repugnantes al decoro nacional y personal de las potencias cristianas. Y luego queremos que los turcos que ven esto conciban buena opinión de nosotros. De aquí me fui a casa para examinar un paquete que el señor Adlerberg me había traído esta mañana de Belgrado, y no encontrándome en tierra —pues un viento que sopló repentinamente en la noche nos hizo levar y luego soltar el ancla enfrente de Saryari, 40 dos millas más arriba— lo había dejado al señor Conde de Ludolf, que me lo envió donde comí. Este contenía un presente muy curioso que me hacían el señor y la señora de Heidenstam, de un curiosísimo almanaque turco y dos carteras bordadas en Marroquín, con sumo gusto y con los nombres de la familia y el mío insertos. En fin, resolví responderles de boca al día siguiente, pues el Conde de Ludolf y la joven Condesa, pensaban ir en coche y me habían convidado con un asiento. Volveríamos al anochecer, que era lo que a