está ia bastante arruinado pr. descuido; y la gran sala es magnifica, por su extencion y buenas proporciones… al Bostandgi qe. nos la manifestó le dimos una piast: y quedó mui contento—la idea nos ocurrió de qiian á proposito seria aquel parage para conducir una intriga de acuerdo con el Custode, con tantas mujeres Turcas que spre. vienen á paseo en aquel prado mas lo cierto es que el asunto tiene tanto riesgo, y dificultades para el que no entiende la Lengua, que no vale la pena además del gran cargo de conciencia que cada musulmán se hace, de ver qualesquiera sospecha del asunto, y no dar parte inmediatamte; lo que hace que cada uno sea un Espión contra el pobre que corre la aventura—Después que huvimos dado una buelta á dho Paseo, nos reembarcamos, y seguimos costeando siempre la orilla de Asia, en que con sumo gusto é instrucción nuestra, logramos ver muchísimas Personas Turcas de distinción que estavan á la mesa (al ponerse el sol hacen su pral. comida) en los magníficos kiosk qe. bordean toda esta orilla del canal; unos nos saludavan; otros se apoiavan á las ventanas para vernos; los criados venían á la puerta con la misma curiosidad (pues nro. equipaje era ministerial)—y lo que era mas interesante las mugeres que avitan el apartamto. alto en qe. comunmte. está el harem, tambn. se asomavan á sus ventanas que muchas estavan con las celosías corridas, y como nadie las podia observar, nos franqueaban la ocasión de verlas sin velo, y sonrreian de nuestra curiosidad—seguramte. mas mugeres descubiertas logré ver en esta ocasión
está ya bastante arruinado por descuido y la gran sala es magnífica por su extensión y buenas proporciones. Al Bostandgi que nos la manifestó le dimos una piastra y quedó muy contento. La idea nos ocurrió de cuan a propósito sería aquel paraje para conducir una intriga de acuerdo con el custodio, con tantas mujeres turcas que siempre vienen a paseo por aquel Prado. Mas lo cierto es que el asunto tiene tanto riesgo y dificultades para el que no entiende la lengua, que no vale la pena. Además del gran cargo de conciencia que cada musulmán se hace, de ver cualesquiera sospecha del asunto y no dar parte inmediatamente, lo que hace que cada uno sea un espía contra el pobre que corre la aventura. Después que hubimos dado una vuelta a dicho paseo, nos reembarcamos y seguimos costeando siempre la orilla de Asia, en que, con sumo gusto e instrucción nuestra, logramos ver muchísimas personas turcas de distinción que estaban a la mesa en los magníficos kioscos que bordean toda esta orilla del Canal. Al ponerse el sol hacen su principal comida; unos nos saludaban, otros se apoyaban a las ventanas para vernos y los criados venían a la puerta con la misma curiosidad, pues nuestro equipaje era ministerial. Y lo que era más interesante; las mujeres que habitaban el apartamento alto, en que comúnmente está el harén, también se asomaban a sus ventanas, que muchas estaban con las celosías corridas y como nadie las podía observar, nos franqueaban la ocasión de verlas sin velo y sonreían de nuestra curiosidad. Seguramente logré ver más mujeres descubiertas en esta sola ocasión