Luego nos enseñaron el Sepulcro del Gigante, que está circundado pr. un muro, y con sus. arboles al rededor, donde noté pedasillos de lienzo colgados, que son como exvotos pr. milagros que este exmesurado santohace cada dia; cuio cuerpo si creemos al sepulcro, tendría mas de 40, pies de largo—No dexaron de contarnos varias historietas al proposito dhos monges, á que io presté poca atención, ocupado con mi anteojo en examinar los bellísimos puntos de vista que de esta altura se logran (la del E. solamte. sobre el asia, nada ofrese sino montes y montes áridos, sin ningún buen efecto)—Después de haberme bien recreado aqui hasta después de las 8 baxamos por un mui buen camino de Araba acia la escala del gran Señor que llaman; (HunkiarSkelesi) lugar sumamte. ameno y frequentado por Turcos de todos rangos en la buena sason—llegamos á una Pradera deliciosa donde observamos un arruinado kiosk del gran señor, y dos columnetas de marmol que marcan la distancia á qué arrojó una flecha Sultán Mural, según lo espesifica la inscripción Turca qe. allí está mas lo que mas nos agrado fue la limpidísima agua de una fuente que alli hai, y la sombra deliciosa de los Platanos que no menos viciosos que los de la Pradera de Bouyukdere, están sembrados por alli en hornamto. bellísimo de este baile.—debaxo de estos acia la marina hai su Café—y tambn caballos, y muchos Arabas para conmodidad de los qe. en hir á pasearse por aquel sitio ameno.—io me embarqué aqui, sumamte. contento de mi paseo, y á las 10. llegué á mi bordo (di 2 pias: á la barca, y 1. al criado y se fueron tan
Luego nos enseñaron el Sepulcro del Gigante, que está circundado por un muro y con sus árboles alrededor, donde noté pedacillos de lienzo colgados, que son como exvotos por milagros que este desmesurado santo hace cada día, cuyo cuerpo, si creemos al sepulcro, tendría más de 40 pies de largo. No dejaron de contarnos dichos monjes varias historietas al propósito, a las que yo presté poca atención, ocupado con mi anteojo en examinar los bellísimos puntos de vista que de esta altura se logra. Solamente la del Este, sobre el Asia, no ofrece nada sino montes y montes áridos, sin ningún buen efecto. Después de haberme bien recreado aquí hasta después de las ocho, bajamos por un muy buen camino de araba hacia la escala del Gran Señor, que llaman «Hunkiarkelesi» lugar sumamente ameno y frecuentado por turcos de todo rango en la buena estación.
Llegamos a una Pradera deliciosa, donde observamos un arruinado kiosko del Gran Señor y dos columnetas de mármol que marcan la distancia a que arrojó una flecha el Sultán Murat, según lo especifica la inscripción turca que allí está. Más lo que más nos agradó fue la limpidísima agua de una fuente que hay allí y la sombra deliciosa de los plátanos que, no menos viciosos que los de la Pradera de BuyukDeré, están sembrados por allí, en ornamento bellísimo de este valle. Debajo de éstos, hacia la marina, hay su café y también caballos y muchos arabas para comodidad de los que van a pasearse por aquel sitio ameno. Yo me embarqué aquí, sumamente contento de mi paseo y a las diez llegué a bordo, donde comí para prueba. Di dos piastras a la barca y una al criado y se fueron tan