hai en aquella Capital.—en fin á bordo, y con el viento fresco del S. remontamos pronto á vela y remo (ia eran las once y media) revistando de nuevo, y gozando de las varias y deliciosas vistas, que cada punto presenta en este parage de delicias pr. su situación; y que con dificultad encontrara su igual en este Planeta—en fin á la una y media pudo nuestra inquietud descubrir la embarcasion; y á las dos la abordamos en la ensenada de Bouyukdere, á tiempo que soltava el ancla por aversele llamado el viento al N.—mucho me alegré de esta circunstancia, pues tenia muchos amigos que ver en Bouyukdere, siendo este lugar como el rendevous general a toda la gente Franca de forma en Pera, durante la buena sason.—pasé luego en casa de mr. De Boulhakoff embiado extraordinario de Rusia, quien (estando prevenido antes pr. Mr. Heideistam) me recivio con suma civilidad dándome una Pasaporte suio, y Cartas de Recomendación para el General Comandte. De Chersona Rapninsky &c… le di las gracias, y me retiré para hir á coniér con el Ynternuncio Ymperiál Barón de Herbert de Rathskeal qe. Me tenia convidado de antemano, por si viniese á Bouyukdere, y su hora son las 4 efectivamte. Me salió la Combinación, y comimos juntos con suma sociabilidad—después se propuso un paseo á la Pradera: las Damas tomaron el coche, y nosotros seguimos á pie, uniéndosenos en el camino el Embiado de Ñapóles Conde de
hay en aquella capital. En fin a bordo, y con el viento fresco del S., remontamos pronto a vela y remo — ya eran las once y media— revistando de nuevo y gozando de las varias y deliciosas vistas que cada punto presenta en este paraje de delicias por su situación y que con dificultad encontrará su igual en el planeta. En fin, a la una y media pudo nuestra inquietud descubrir la embarcación, y a las dos la abordamos en la ensenada de BuyukDeré, al tiempo que soltaba el ancla por habérsele llamado el viento al N. Pagamos una barca y tres valientes remeros, a un par cada uno, con tres piastras y ellos quedaron tan contentos. Vaya que hubiesen sido de los nuestros! Mucho me alegré de esta circunstancia, pues tenía muchos amigos que ver en BuyukDeré, siendo éste el lugar de rendezvous general de toda la gente franca, de nota, en Pera durante la buena estación. Pasé luego a casa del señor de Boulgakoff. Envíado Extraordinario de Rusia, quien —estando prevenido antes por el señor Heidenstam —me recibió con suma civilidad, dándome un pasaporte suyo y cartas de recomendación para el General Comandante de Kherson, Rapninsky, etc. Le di las gracias y me retiré para ir a comer con el Internuncio Imperial, Barón de Herbert de Rathkeal, que me tenía convidado de antemano por si viniese a BuyukDeré y su hora son las cuatro, efectivamente, me salió la combinación y comimos juntos con suma sociabilidad. Después se propuso un paseo a la Pradera: las damas tomaron el coche y nosotros seguimos a pie, uniéndosenos en el camino, el Enviado de Nápoles, Conde de