Colombeia

castigo, no avia muerto; y que solo el dicho de este (que estava borracho) afirmando qe. aquel griego le havia herido, bastó —de buelta á casa me dio gana de sentarme en las piedras del sementerio inmediato al Palacio de Suecia, y protexto que en mi vida he visto lugar donde se observe una variedad maior de Trages, y de naciones diversas ni creo que le haia en el mundo… esta es la hora á que se retiran de constantinopla toda la gente mercante qe. vive en Pera &c… y asi está la Calle llenísima de pueblo.—Un susurro corre de que el triunpho que la Puerta declaró dias pasados del capitanPachá en la expedición á Egipto, y pr. el qual le embio el Sultán un sable guarnecido de Diamantes, una Peliza rica, &c… y cuia noticia hizo cesar la fermentación grande que avia aqui (ia anunciada pr. repetidos incedios como llevo dicho) contra el granVisir; se desvanece pr. la oposición que han prestado ciertas hordas de árabes en suporte de los antiguos Beys, que se retiraron al arrivo de los Turcos, en el alto egipto. 9. oi me levanté temprano á Concluir mis asuntos y hir á dar un paseo por constantinopla á la despedida; mas á las nueve me sorprendió un aviso del Capn. Ymperial con quien avia ia ajustado mi pasaje hasta Chersona, por 8. Sequins. sin mesa; en qe. me informava de qe. la embarcación se hacia ia á la vela; y qe. el quedava en tierra para venir á buscarme y en un kaikio marchar á aícansár la embarcación.— presto alisté mi pequeño bagaxe que con mi criado hize
castigo, no había muerto, y que solo el dicho de éste —que estaba borracho— afirmando que aquel griego le había herido, bastó. De vuelta a casa me dio gana de sentarme en las piedras del cementerio inmediato al Palacio de Suecia y protesto que en mi vida he visto lugar donde se observe una mayor variedad de trajes y de naciones diversas, ni creo que la haya en el mundo. Esta es la hora en que se retira de Constantinopla toda la gente mercante que vive en Pera, etc., y así está la calle llenísima de pueblo. Un susurro corre de que el triunfo del Capitán Pacha en la expedición a Egipto, que La Puerta declaró en días pasados y por el cual le envió el Sultán un sable guarnecido de diamantes, una pelliza rica, etc., y cuya noticia hizo cesar la fermentación grande que había aquí contra el Gran Visir —ya anunciada por repetidos incendios, como llevo dicho— se desvanece por la oposición que han prestado ciertas hordas de árabes en apoyo de los antiguos Beys que se retiraron al arribo de los turcos en el alto Egipto. 9 de septiembre. Hoy me levanté temprano a concluir mis asuntos e ir a dar un paseo por Constantinopla, a la despedida. Mas a las nueve me sorprendió un aviso del capitán Imperial con quien había ya ajustado mi pasaje hasta Kherson, por ocho cequíes sin mesa, en que me informaba de que la embarcación se hacía ya a la vela y que él se quedaba en tierra para venir a buscarme y en un caique marchar a alcanzar la embarcación. Presto alisté mi pequeño bagaje que con mi criado hice