Colombeia

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Aróstegui, sin que el exponente que iba sentado, olvidado y distraído con la dificultad de explicarse por tantas razones, reparase el rumbo del paso hasta que el mismo General reparó en un reducto del tiempo del sitio de esta ciudad, que se apeó a ver, y en consecuencia, vio la fortaleza del Príncipe a la que se dirigió voluntariamente, quedando el que declara, como diez o doce pasos atrás, dando lugar a que el centinela y oficial de guardia lo detuviesen, que estaban a la puerta, pero viendo lo entraban y acompañaban así dicho oficial como el de ingenieros, se incorporó el exponente (a quien nada le preguntaron perteneciente a permiso del Gobierno) con ellos, y finalizado se retiró con dicho señor, sin que ningún otro sujeto español lo acompañase a ida ni vuelta; y responde que esto es la verdad so cargo de su juramento, que es de treinta y dos años y lo firmo, doy fe. José Montesinos. Ante mí: José Alvarez Escribano.