unción suplicándole al obispo les ayude con alguna limosna para la reparación de sus iglesias, que ellos de su parte se privarían hasta de lo necesario para la manutención de sus vidas, y éstos han sido rechazados con reprensiones agrias y fuertes, diciéndoles que si ignoran las atenciones de la mitra y los innumerables pobres que él tiene que mantener en esta ciudad, y ésta es la causa por que encontramos en la Isla muchas iglesias de paja, y la que más bien se ha reparado, está cubierta de tablas. No es necesario internarse en la Isla para encontrar iglesias que den público testimonio de esta verdad: a dos leguas de esta ciudad, tenemos la parroquia llamada San Miguel, cuya fábrica mostraba en su magnitud la piedad y celo del Illmo. Don Fray Juan Lazo de la Vega; ésta fue destruida por el huracán acaecido el día 15 de octubre del pasado año del 68, y aún permanece en el mismo triste estado en que la dejó, sin otra reparación que la de una pared que el celo del Padre Cura, ayudado de la piedad de sus feligreses, levantaron delante de la capilla mayor, a quien el huracán había perdonado, para no decir misa a lo descubierto y resguardar al Santísimo Sacramento de las inclemencias del tiempo. Muchas de estas iglesias no tienen más que un ornamento de un solo color para celebrar los divinos oficios, y él tiene especial cuidado de que los oratorios privados tengan todos los colores que exige el ritual romano y son necesarios para la diversidad de los tiempos. Dígalo la iglesia llamada de los Quemados y la otra del Hubajay, aquella distante dos leguas de la ciudad y la otra, cuatro. Ninguno negará que las casas que llaman de Purga en los ingenios, están más propias y más decentes para la celebración de los divinos oficios que las mismas iglesias; en una palabra, hay algunas tan faltas de todo lo necesario, que para ir a buscar el viático es necesario llevar de la casa del enfermo los dos faroles que deben acompañarle, porque de otra suerte, no podría salir el divinísimo sin contravenir a los sagrados cánones, concilios y ritos de la iglesia. Estas fábricas y obras pías que ha representado a la Corte con una fuerza y apovos, son capaces de seducir y engañar no sólo a los señores del Consejo, sino también a muchos de los que existen en esta ciudad porque sus negocios particulares no le permiten emplearse en el conocimiento práctico de lo que aquí se explana.