y regresar.
Esto fue hecho como un subterfugio a los botes espías. Al mismo tiempo, el Sr.
Smith tenía mis instrucciones privadas para ir a bordo del "Vulture" y traer a tierra al coronel Robinson o al señor John Anderson, que es el nombre que yo había pedido al mayor André que asumiese.
Asimismo, pedí al Sr. Smith que le informase que tendría mi protección y un salvoconducto para regresar en el mismo bote, una vez que nuestros asuntos estuviesen terminados.
Como intervinieron varios incidentes para impedir que fuese enviado a bordo, le di mi pasaporte para regresar por tierra.
El mayor André bajó a tierra con su uniforme (sin disfraz) que de mala gana, bajo mi especial y urgente insistencia, cambió por otro abrigo. Le facilité caballo y silla y le indiqué el camino por donde debía regresar. Como oficial de mando en el departamento, yo tenía derecho indudable para ejecutar todos estos asuntos, los que, si fueren considerados equivocados, el mayor André no debería de ninguna manera sufrir por ellos.
Pero si después de esta justa y franca representación del caso del mayor André, la Junta de Oficiales Generales adhiere a su primera opinión, la supondré dictada por la pasión y el resentimiento; y si aquel caballero sufriese la severidad de su sentencia, me veré obligado, por todos los lazos del deber y del honor, a ejercer represalias contra las personas desafortunadas de su ejército que puedan caer en mi poder, para que el respeto debido a banderas y a la ley de las naciones, pueda ser mejor comprendido y observado.
Además debo hacer observar que cuarenta de los habitantes principales de Carolina del Sur tienen ahora en peligro sus vidas, que han sido respetadas hasta el momento, gracias a la clemencia de Su Excelencia Sir Henry Clinton, quien no puede en justicia, extender por más tiempo su indulgencia hacia ellos si el mayor André sufre, lo que, con toda probabilidad, provocará un baño de sangre contra el cual la humanidad se sublevará.
Permítame suplicar a Su Excelencia, por su honor y el de la humanidad, y el amor que tiene a la justicia, que no tolere que una condena injusta afecte la vida del mayor André.
Pero si esta advertencia fuera desdeñada y él padeciese, llamo al cielo y la tierra a testimoniar que Su Excelencia será justamente responsable del torrente de sangre que pueda ser derramado en consecuencia.
Tengo el honor de ser con el debido respeto, el más obediente y muy humilde servidor de Su Excelencia.
B. Arnold
Su Excelencia el general Washington.