y sus dos sobrinas qe le acompañan (una de 16y la otra de 12. años) me daria cabalgaduras para seguir á Athenas que estara como á una hora y media de Camino (esto es una legua, y media de francia) comimos pues enfrente de los sepulcros arruinados de Temistocles, y de Cimon, en la casa del cónsul que llaman, y es la que avita mr. Cairac, hablando mucho de antigüedad, y dando vado á la imaginación sobre todos estos sucesos interesantísimos de la historia griega; y en que no se puede menos que admirar la exactitud, y fidelidad topográfica con que describieron sus ilustres escritores;—compresos aun los Poetas!... A las 5 p. m. me puse en marcha sobre un caballo del pais, y mi criado sobre un asno; en otro hiva el bagage—travesamos aquella distancia, observando las antiquísimas ruinas de los muros que unían este Pto. Á la Ciudadela; y tambn. Los qe. Sircundavan el burgo del Pirreo &c…. Olivares, viñas, trigos, huertas &c. cubren la superficie de esta hermocisima, y extensiva llanura; que esta comandada de la Ciudadela de Athenas &c… á las 61/2 p. m. llegamos al convento que llaman, y un capuchino francés que es la cabeza, y los pies de aquella casa, me recivió pr. Aquella noche, mdte. Cartas que me dio mr. Cairac—en mi vida he visto un tonto, grocero, é ignorante, que se iguale a su Reverencia; por fortuna qe. Se fue á decir misa á la marina al dia sigute., y. que solo tuve que aguantar su simple y pesada conversación y preguntarme qdo. Me hiva por aquella noche—diome
Comimos pues enfrente de los sepulcros arruinados de Temístocles y Cimón en la casa del Cónsul, que llaman, y es la que habita el señor Cairac, hablando mucho de la antigüedad y dando vuelo a la imaginación sobre todos estos sucesos interesantísimos de la historia griega, y en que no se puede menos que admirar la exactitud y fidelidad topográfica con que describieron sus ilustres escritores, comprendidos aún los poetas. A las cinco p.m. me puse en marcha sobre un caballo del país y mi criado sobre un asno; en otro iba el bagaje. Atravesamos aquella distancia, observando las antiquísimas ruinas de los muros que unían este puerto a la ciudadela y también los que circundaban el burgo del Pireo, etc., olivares, viñas, trigos, huertas, etc., cubren la superficie de esta hermosísima y extensa llanura, que está dominada por la ciudadela de Atenas. A las seis y media p.m. llegamos al convento que llaman un capuchino francés que es la cabeza y los pies de aquella casa me recibieron por aquella noche, mediante las cartas que me dio el señor Cairac. En mi vida he visto un tonto, grosero e ignorante que se iguale a su Reverencia. Por fortuna que se fue a decir misa a la Marina, al día siguiente, y que solo tuve que aguantar su simple y pesada conversación y preguntarme cuando me iba, por aquella noche. Dióme