Colombeia

a los griegos pr la prima vez.—Traíamos en nuestra embarcación varias gentes pobres, y entre ellas un jugador de manos griego que nos divertía con sus bufonerías… pero lo qe mas me hacia espesa, era un turco mendicante que con mugar, é hijos se embarcó de caridad… y este bribón pretendía sin embargo (solo pr. qe. era turco) comandar la embarcación absolutamte.. no obstante que el pobre Griego carabuquiery no recivio mas dinero de sus pasageros que las 5. Piastras que io le pague por el mió.—A las 11. a. m. entramos en el famoso Puerto Pirreo (ó Puerto León como le llaman oi) donde se admiran aun las obras de Temistocles, y aun subsisten a la boca las bases o Piedestales sobre que posavan los dos famosos Leones de marmol que tenian en su boca la cadena que serrava el Puerto, y debian hacer la comparza mas noble qe. quiera imaginarse contraste por cierto á la que hacen á la puerta del arsenal de Veneeia, plantados alli sin ton ni son.—luego desembarqué, y fui alojado con la mejor ospitalidad pr. mr. de Cairac negociante francés para qn. traxe carta qe. me dio mr. Roque á Corinto—vino mi equipaje á tierra sin ser registrado, y resolvimos que después de comer en compa de mr. Cairac, en frente de los sepulcros de Temistocles, y simón en ruinas; con música griega vocal, é instrumental de hombres y mugeres qe. con una buena barca corrían el puerto dando música á las embarcaciones que en él avia… quanto es propensa esta nación á la música!... todo el mundo canta…
por primera vez. Traíamos en nuestra embarcación varias gentes pobres y entre ellas un jugador de manos, griego, que nos divertía con sus bufonerías. Pero lo que más me molestaba era un turco pordiosero que con mujer e hijos se embarcó de caridad... Y este bribón pretendía, sin embargo, solo porque era turco, comandar absolutamente la embarcación, no obstante que el pobre griego «carabuquiery» no recibió más dinero de sus pasajeros que las cinco piastras que yo le pagué por lo mío. A las once entramos en el famoso puerto Píreo o Puerto León, como le llaman hoy, donde se admiran aún las obras de Temístocles y aún subsisten, a la boca, las bases o pedestales sobre los que posaban los dos famosos leones de mármol que tenían en su boca la cadena que cerraba el puerto y debían hacer la comparsa más noble que quiera imaginarse en contraste, por cierto, de la que hacen a la puerta del Arsenal de Venecia, plantados allí sin ton ni son. Luego desembarqué y fui alojado con la mejor hospitalidad por el señor de Cairac, negociante francés para quien traje carta que me dio el señor Roque, de Corinto. Vino mi equipaje a tierra, sin ser registrado, y resolvimos que el señor Cairac me daría cabalgaduras para seguir a Atenas —que estará como a una hora y media de camino, esto es una legua y media francesa— después de comer con él y con dos sobrinas que le acompañan, una de 16 y otra de 12 años, enfrente de los sepulcros en ruinas de Temístocles y Cimón, con música griega vocal e instrumental de hombres y mujeres que con una buena barca recorrían el puerto dando música a las embarcaciones que en él había. Cuan propensa es esta nación a la música ¡Todo el mundo canta!