Honorable generalísimo de las armas de la República, ciudadano Francisco Miranda:
(Reservada)
Margarita y julio 8 de 1812.
Mi amado generalísimo: Sería molestar la atención de V. E. si tomase la pluma para recordar las serias y frecuentes discusiones que así en Guacara como en Valencia, y aun en Caracas tuvimos sobre el estado político de esa provincia, y sobre los principios y medidas adoptadas, especialmente por el Congreso, más bien para perderla que para hacerla florecer; pero básteme decir que veo cumplidos casi todos los pronósticos de V. E. y si aun falta por realizarse el más espantoso, lo atribuyo a su presencia, y a que los pueblos confían que la grande empresa de salvar la patria, sólo puede ser reservada a su talento y política. Yo quisiera ahora preguntar a los Ustariz, Peñalveres, Toros, Roscios, Brícenos y demás sus secuaces ¿cuál ha sido el término de sus infames maquinaciones? ¿ qué se ha hecho toda aquella turba de chismosos y viles aduladores que aparentando un falso patriotismo no intentaban sino calumnias para degradar el mérito de los hombres de bien? No es esto sólo, sino que comunicaron sus maquinaciones a las otras provincias confederadas, como lo advertí desde el momento que llegué a la provincia de Cumaná, en donde su persona habían procurado pintarla con los coloridos más negros que pueden imaginarse, hasta haber dirigido algunos del Congreso cartas particulares, previniendo no lo eligieses para el poder ejecutivo federal. Que del mismo modo en esta provincia un dichoso coronel de milicias que hay en ella, nombrado Juan Bautista Arismendy, íntimo amigo de Maneyro y de Lino Clemente, vino con la expresa comisión de representarlo como el tirano de la América, procurando infundir un terror el más grande entre todos los habitantes ; pero en fin, yo siempre constante y fiel amigo, y como que era un testigo ocular de todas las operaciones de V. E. en la campaña de Valencia, procuré tanto en Cumaná como en esta ciudad, referir la verdad de los hechos como habían acontecido, cual era el motivo que tenían sus enemigos para haberlos desfigurado, y aun pretender hacerlos criminales, produciendo tan buen efecto la sincera exposición de la verdad, que en Cumaná tuve la satisfacción de haber visto que fue el que tuvo más votos en la nominación que se hizo para poder ejecutivo, y en esta provincia puede contar V. E. con el afecto general, y con particularidad de los funcionarios del gobierno, comandante general de las armas coronel Rafael Guevara, y demás oficiales de graduación y subalternos.
Habrá cuatro días que se recibió por la vía de Cumaná un oficio de V. E. en que participaba a este gobierno el nombramiento que hacía de Maneyro para gobernador militar de la Isla, y de mí para el gobierno político. Fui en el momento llamado é impuesto del oficio de V. E. y del en que me participa mi nombramiento, entré en reflexión sobre qué sería lo que podría haber producido una disposición tan inesperada, y tanto más extraña para esta provincia, cuanto que no había un solo motivo para desconfiar de su constante adhesión al sistema, que los jefes cooperaban al restablecimiento del batallón de blancos, perdido del todo por las intrigas de su coronel Arismendy, que habiéndolo hecho tomar las armas en el mes de enero de 1810, para destruir la junta que gobernaba, y componerla de sus parientes, ha sido tal el grado de insubordinación a que ha llegado, que a excepción de tres compañías que están a las órdenes de capitanes activos, las demás cuesta mucho trabajo para poderlas reunir y disciplinarlas, ocultándose los hombres en el monte, como ha acontecido ahora que ha tratándose de sacar tropas para Cumaná; que por el contrario el batallón de pardos, de que es sub-inspector el coronel Rafael Guevara, está en el mejor estado de subordinación y disciplina: que por elección del pueblo, ha dos años que sirve aquél la comandancia general de las armas, de que se le despachó título por la primera suprema Junta: que es un hombre que tiene aceptación en toda la isla, y mucha influencia por conocerse que es el primer oficial veterano que hay en ella; de valor y pericia militar, comparadas las antecedentes circunstancias con las siguientes.
Que no habrá quien no conozca que Maneyro nunca ha sido militar: que no sabe siquiera lo que es formación, y que el grave mal de que adolece, lo ha reducido a estar casi privado del trato de los demás hombres. Confieso que la disposición de V. E. me causó la mayor sorpresa, y atribuyéndola a que habría sido efecto de algún mal informe de Roscio; que de ponerla en ejecución podría haber resultado algún movimiento, especialmente en la época en que se trataba de sacar tropas, y se hallan reunidos trescientos setenta hombres: que no era conveniente al carácter de estos pueblos una mutación tan extraordinaria, pues ellos están tranquilos y contentos con el gobierno que tienen, compuesto de siete representantes, a razón de uno por cada pueblo, y conociendo que en el concepto de Asesor era más útil, y podría como se ha logrado en tres meses hacer cosas que tal vez no las vería realizadas con el carácter de gobernador político, me pareció más conveniente manifestar mi conformidad con que se suspendiese el cumplimiento de mi nombramiento, informándose a V. E. de los poderosos motivos que había para que quedase el gobierno de esta isla en el mismo estado que tenía.
Esta isla, cuya población no es abundante, no tiene más fuerza que la de dos batallones de milicia, y un escuadrón de caballería, el primero de blancos, enteramente desorganizado, incompleto, y lo más grave las cuatro compañías que existen en el partido del norte, y las dos del Valle de San Juan en un estado de insubordinación, que toca el extremo de indolencia y desacato, sin poder el gobierno hacerse respetar como deseara, porque no tiene tropa veterana, pues la compañía que con este nombre existe, está reducida al número de treinta y seis ó cuarenta hombres, los cuales aun son todavía más atrevidos é insubordinados, como puede comprobarse con el hecho ocurrido en la mañana del día 5 del corriente, en que tratándose de darle el avance de una paga, la mitad en papel moneda y la otra mitad en dinero efectivo, resistieron admitir aquel, asegurando que si toda la paga no se les daba en metálico, no salían de la isla para Cumaná: esto se hizo trascendental a los milicianos blancos, en términos que poco faltó para que se hubiese formado una revolución que cortó inmediatamente la energía del comandante general, porque habiendo puesto sobre las armas las dos compañías de su batallón, que estaban acuarteladas para marchar a Cumaná, les intimó de nuevo, que el que no recibiese el papel moneda, diese un paso al frente, que sería inmediatamente pasado por las armas conforme a la ordenanza, habiendo precedido el mandar llamar al capellán y puesto un banquillo en la plaza mayor: el caso fue igual a aquel de Guacara que tanto ruido hizo, pero así como este pudo restablecer la subordinación del ejército, y producir la rendición de Valencia, la energía del comandante general pudo restablecer el buen orden, intimidar no sólo los veteranos, sino también los milicianos blancos, y hacer que todos recibiesen el papel moneda, y contentos marchar en el siguiente día para el puerto de Pampatar, en donde debían embarcarse. Yo no puedo menos que recomendar a V. E. al comandante general Rafael Guevara, para que así por el hecho referido y demás méritos y servicios en más de treinta años le conceda el grado de brigadier, quedándole a V. E. la satisfacción de que se lo concede a un buen militar.
El oficio de V. E. que condujo el comisionado Ruiz se recibió en la madrugada del martes cuando ya los trescientos setenta hombres estarían cerca de Cumaná, pues habían salido en la mañana del lunes, por lo cual no fue posible que en cumplimiento de su orden, saliesen para la Guaira y aun hubo otra ocurrencia que siempre lo hubiera impedido, y fue que en la noche del mismo lunes recibimos un oficio que condujo un oficial de Cumaná, para que las tropas fuesen a aquella ciudad, con motivo de cierta novedad que había habido en Barcelona y de que ya habrán dado cuenta á V. E.
Mi general, yo no poseo el arte de la guerra, y ni aun tengo de él principios algunos, pero el amor a la libertad de mi patria y la bondad con que en otro tiempo oía V. E. mis opiniones, me inspira la confianza de hacer a V. E. cierta observación que me ocurre, sobre el estado de la provincia de Caracas y el medio que yo considero puede adaptarse para salvarla dentro de poco tiempo de la opresión de los españoles, no exponiéndonos a perderlo todo.
Los principales pueblos de esa provincia están ocupados por los jefes de Coro, auxiliados más bien por los mismos hijos de la tierra que por tropas que hayan conducido. Aquellos proceden bajo un error, que dentro de pocos meses han de conocer, cuando ya no hayan empezado a experimentarlo, al ver que sus propiedades no son respetadas, sus casas saqueadas, sus personas gravemente insultadas, y sus mujeres é hijas violadas. Estos no serán sólo los excesos que cometerán, mayores serán de día en día, pues que considero que los hombres que seguirán al partido de los Corianos con las armas en las manos, será una turba de facinerosos a que se unirán muchos esclavos, y todos los cuales se convertirán contra ellos mismos en el momento que no se les presente una fuerza a quien ocurrir. El patriotismo de la provincia de Barcelona es ninguno, su disposición a adherirse a la causa de los españoles es grande. De la provincia de Cumaná, no sé que decir, pero lo cierto es, que los que gobernaron hasta el mes de marzo del presente año, fueron unos déspotas, por lo cual los pueblos apetecían más bien el gobierno de los mandarines del Asia, y se comprueba con la gran dificultad con que se recluían hombres para el ejército y con la extraordinaria deserción que hacen, sin que obste las exageradas ofertas de patriotismo y disposiciones de los habitantes que estampan en sus papeles los Cumaneses, pues ellos no han sabido otra cosa que gastar dinero propio y ajeno, y engañar sin rebozo. Esta isla pobre y miserable, sin hombres ni aun para su defensa, rodeados por todas partes de agua, sin la esperanza de un pronto auxilio de las demás provincias, sin rentas, sin fusiles ni pertrechos, y lo que es más, sus habitantes de un carácter muy apegado al suelo patrio y a sus familias.
Todas las consideraciones antecedentes y otras muchas que dejo a la política de V. E. me obligan a creer que en el estado en que se halla la provincia de Caracas, sería muy conveniente ocurrir a la esclavitud, formando un cuerpo de tres a cuatro mil, a quienes se ofreciese la libertad concluida la campaña y establecido el sistema, extendiendo la oferta hasta los hijos que tuviesen de legítimo matrimonio: que se procurase conservar la provincia de Barcelona con tropas de Cumaná, y ésta con tropas de esta isla, para que una y otra sirviesen de asilo a todas las familias que quisieren emigrar de la de Caracas, pues abandonadas las dichas dos provincias sacándoseles las tropas que las pueden sostener, tal vez los que quedan son los enemigos, levanten el grito y entonces no hay donde ocurrir. Con las tropas de la provincia de Caracas puede sujetarse sus llanos, y ponerse expedita la comunicación con la provincia de Barinas, preservándola de alguna invasión del enemigo y sujetándola, caso que en sus pueblos haya opuestos al sistema.
Aquí sabemos que el marqués, Fernando Toro y José Ignacio Briceño han recalado a Cumaná, y que los dos primeros se hallan retirados en una casa de campo dándose baños; el primero parece ha manifestado una comisión del P. E. F. para levantar en los llanos del sur dos mil hombres de caballería, y por un oficio que dirigió desde Barcelona al gobierno de Cumaná que remitió copia al de esta isla, se viene en conocimiento que el citado marqués estaba en los pueblos del Sombrero y Barbacoas, cuando fueron tomados por los Corianos: que de allí salió huyendo por veredas y caminos extraviados hasta haberse escapado en la provincia de Barcelona, en cuyos pueblos había procurado ver si realizaba su comisión, a cuyo efecto los había proclamado, pero había observado que un solo hombre no se le había presentado, pues se había retirado a los montes: que en la ciudad de Barcelona advertía una gran disposición al partido de los españoles, y concluía pidiendo al gobierno de Cumaná que le remitiese algunas tropas. Así lo hizo en número de cuatrocientos hombres, los mismos que pidió Cumaná a esta isla para su guarnición, y le fueron remitidos en la mañana del día 6 del corriente. Se ignora con qué motivo se vino el marqués a Cumaná, en donde, según me ha informado un oficial que vino en comisión de aquel gobierno, está muy mal visto: se le reputa por sospechoso contra el sistema, y aun se ha formado proceso sobre el particular: lo cierto es, que él y su hermano hacen un papel bien desairado, ignorándose con qué objeto ó fin ha venido el segundo, sospechándose que sea su huida, y aun se dice que había indicios de que pensaban embarcarse para Colonias.
Aun es más célebre la comisión de José Ignacio Briceño, que ha presentado credenciales del Poder ejecutivo, para pasar a la provincia de Barinas y tratar con su gobierno provincial; dándose la facultad para que por los pueblos por donde transite, si hubiese algunos opuestos al sistema, los pudiese castigar conteniendo las rebeliones. El dicho Briceño, en un oficio que pasa a este gobierno dice, que no le fue posible pasar a la provincia de Barinas, porque sus pueblos limítrofes están tomados por los Corianos, é impedida la comunicación entre aquella provincia y la de Caracas. También asegura en este mismo oficio que era su comisión levantar un escuadrón de caballería hasta el número de dos mil hombres. Yo considero que estos representantes del Congreso, están en el día haciendo el papel de los de la junta central cuando salieron huyendo de Sevilla; pero lo que se siente es que no paguen todas las que han hecho como merecen, y especialmente los que promovieron y sostuvieron la división de provincias, y los que se opusieron como Briceño (alias, el Diablo) a que la provincia de Caracas se pusiese en estado de defensa.
Conozco que he sido demasiado difuso, pero lo exige la necesidad, y el deseo de desahogar mi espíritu tan lastimado, al ver casi perdida nuestra libertad por las infames pasiones de algunos hombres. Yo tengo la esperanza de que V. E. la ha de salvar y en tan interesante obra, le ofrezco mi ciega obediencia y el alto respeto con que tengo el honor de ser siempre su invariable amigo y servidor.
Q. B. S. M.
Francisco Llanos.
El 28 de mayo de este año se presentó al R. P. de esta isla el honorable ciudadano coronel Francisco Javier Maíz, teniente del supremo Poder Ejecutivo federal en comisión de esta suprema autoridad, para el efecto de conscribir tropas: se contestó a su misión1 que en esta isla, no siéndole conveniente alejar mucho sus tropas, por su situación topográfica, las demás provincias ofreciesen sus recursos, para la salvación del territorio de Caracas atacado y expuesto a ser víctima y Margarita cubriría los puntos de Cumaná y Barcelona que quedasen desamparados. El 14 de junio siguiente ofició el gobierno de Cumaná esforzadamente, pidiendo el contingente de cuatrocientos hombres para su guarnición. En el instante tomó el de esta provincia todas las medidas y providencias correspondientes a su organización, y en efecto, logró remitir una corporación de trescientos setenta hombres que quedó embarcada y marchó el día 6 de los corrientes a las cinco de la mañana. En el mismo día a las nueve de la noche llegó un comisionado de aquella provincia, activando la marcha de las tropas, en consecuencia de las novedades que constan de la adjunta copia que tengo el honor de acompañaros, y se contestó su ida en aquella mañana. En la madrugada siguiente llegó a mis manos vuestro apreciable oficio, que de orden del invicto generalísimo de las armas de Venezuela pide cuatrocientos hombres de esta isla para guarnición de la villa de la Guaira. En tal concepto, y por disposición de mi gobierno os observo las anteriores reflexiones concluyendo que dicha corporación margariteña, está en el territorio cumanés, y el honorable generalísimo, entendido de esta ocurrencia, resolverá lo que fuere de su superior agrado.
Tengo el honor, ciudadano secretario, de trasmitir estas reflexiones del R. P. E. de esta isla, para que os toméis la pena de elevarlas a la alta consideración de nuestro honorable generalísimo.
Dios os guarde.
Palacio de Margarita y julio 8 de 1812,
II de la República.
Esteban de Herrera.
Secretario.
Ciudadano secretario del honorable generalísimo de las armas de Venezuela.
(Copia)
En la ciudad de Cumaná a los 5 de julio de mil ochocientos doce: el R. P. E. hizo comparecer al ciudadano Francisco González que acaba de llegar de la ciudad de Barcelona, a efecto de que rindiese una declaración, sobre lo ocurrido en dicha ciudad, y previo el juramento que prestó, dijo lo siguiente: que hace tres días que llegó a la nominada ciudad, y el ciudadano José Arcay le comunicó que estaban muy mal, porque ninguno de los soldados de la misma, que habían sido citados para ir al ejército del generalísimo, querían ir, y sí había muchos que estaban por el partido de la Regencia, así criollos como europeos. Que con este motivo trató de venirse para Cumaná con su familia, y aun solicitó su pasaporte que se le negó, sabiendo por el ciudadano José Arcay, que un portugués nombrado Vicente Silva le dijo que al tiempo de reunirse las tropas en la plaza para marchar a Caracas, estaba más bien pronta a quedar por la Regencia que no verificar la marcha de dichas tropas. Que inmediatamente que supo esto, se embarcó en su lancha, y se retiró más abajo del puerto principal, hasta ver el resultado, y estando en esta disposición ayer como a las cuatro de la tarde, oyó un tiroteo en la plaza que duraría como un cuarto de hora, poco más ó menos, y enseguida un redoble muy continuado y llamada: que inmediatamente se levó y salió a la Boca; donde supo por el capitán de un buque inglés que viene para esta ciudad, que estando él en la plaza, cuando la reunión de tropas, observó que la bandera nacional que estaba colocada en el centro, fue tirada al suelo, é inmediatamente, que vino el gobernador militar, y la levantó; entonces un capitán que estaba a la cabeza de las tropas, mandó cargar y hacer fuego: que supone que a esta fecha ya han reconocido la Regencia, por la voz general y pública que se oía a aquellos habitantes, y lo adherido que estaban a verificarlo: que es cuanto puede decir y la verdad, en fuerza de juramento, etc., y lo firmó.— Fernández, presidente.— José Gabriel Alcalá, secretario.— Francisco González.— Es copia.— Cumaná, julio 5 de 1.812, año 2°—Alcalá.
Es copia.
Margarita, 8 de julio de 1.812
Segundo de la Era libre.
Herrera.
Secretario.
El día 6 de los corrientes marchó de esta isla para la provincia de Cumaná la corporación de trescientos setenta hombres que en medio de infinitas dificultades quedó organizada: a este cuerpo ofrecido para su guarnición, según los convenios que hizo este gobierno con el comisionado del Poder Ejecutivo federal, ciudadano Francisco Javier Maíz, en los momentos de su llegada, se dio la orden por aquel gobierno para su marcha al ejército, según consta de la adjunta copia que comprende el parte dado por aquel jefe. Ella enterará de la total repugnancia que han mostrado, pero es preciso deciros, ciudadano secretario, que el más fuerte apego al país nativo, el más vivo dolor de desamparar su patria, que conocen lo desierta que queda, son los únicos poderosos motivos que inspiran al margariteño a no apartarse muy distante de sus poblaciones. El gobierno les anunció que Cumaná había corrido a salvar un territorio en peligro, y se prestaron inmediatamente a guarnecer sus puntos desamparados; y en vista de esta nueva ocurrencia y de lo que se ha participado al invicto generalísimo en oficio de 8 de los corrientes, se contesta al gobierno de Cumaná y jefe de aquel contingente, espere las ulteriores determinaciones del generalísimo para obrar en su conformidad.
Lo que de orden de este R. D. os comunico, ciudadano secretario para que tengáis la bondad de elevarlo al conocimiento del jefe supremo de las armas.
Dios os guarde:
Palacio Ejecutivo de Margarita y julio 10 de 1812.
II de la República.
Esteban de Herrera,
Secretario.
Ciudadano secretario del ilustre generalísimo de las armas de la República Venezolana, cuartel general.
(Copia)
En este momento, arreglado a uno de los artículos reservados de la instrucción que S. E. me franqueó, aneja al contingente que de guarnición pasó a mi cargo a esta plaza, no puedo menos que daros parte de lo acaecido.— Luego que salté en tierra, me comunicó el ciudadano presidente de este respetable Poder ejecutivo la orden del generalísimo para que marchase a incorporarme con dicho contingente al ejército; en cuya virtud, hallándome ciegamente a obedecer los preceptos superiores, he notado generalmente en toda la tropa de mi cargo la repugnancia total de marchar para dicho ejército, reconviniéndome que la mente de S. E. no ha sido otra que la de venir a dicha plaza de guarnición, y no a otra: por lo que temiendo algún alboroto que dé mala nota, tanto a mi empleo como a esa isla, y no apartándome a dicha instrucción, he tenido a bien daros este parte, comisionando al ciudadano José Vicente Peña, para que a la voz os inteligencie en el caso; asegurando a S. E. que dicha repugnancia me ha sido sumamente sensible, y que en el momento más bien deseo que la Parca corte él hilo de mi vida, que la existencia de mi persona en semejante constitución, nada decorosa a un jefe que tiene una corporación de tropas á su mando, y que quisiera sacrificarse la vida por la patria, y su honor que es preferente.— Dios os guarde muchos años. Ciudad de Cumaná 8 de julio de 1.812.— José Manuel Marcano. — Ciudadanos del respetable poder ejecutivo.— Es copia de su original.— Palacio ejecutivo de Margarita, y Julio 10 de 1.812, Año 2' de la República.
Esteban de Herrera,
Secretario.
En la noche del 10 del corriente julio, tuvo este gobierno el placer de haber tenido a su presencia, y oído la misión del honorable J. Robertson, á conscribir tropas para el socorro del territorio de Caracas, en peligro. Atendidas sus expresiones y proyectos: contestó este gobierno, ciudadano, cuando se nos acercó el ciudadano coronel Maíz, diputado por el Poder Federal para el mismo efecto, quedó sancionado que Margarita cubriría los puntos que quedasen desamparados de las otras provincias, cuyas medidas acertadas se tomaron, atendidas, ciudadano, las situaciones local y topográfica de la isla: así se verificó: trescientos setenta hombres conscriptos fueron remitidos, y ahora quiere este comisionado llevarlos al ejército. La palabra del gobierno es un tema sagrado, y éste la dio para sólo la guarnición de Cumaná en cumplimiento del pacto sancionado. La repugnancia de ellas para marchar, es un efecto del dolor con que abandonan su suelo nativo, por el apego que tienen sus habitantes a su patria: en tal concepto, ciudadano secretario, es muy justo reflexionaros que se hace indispensable la presencia de estas tropas en aquel punto, ya para su guarnición y sostenimiento, como para auxiliar esta provincia, exhausta enteramente de gentes, utensilios y de recursos. Estas mismas reflexiones se tienen observadas al ciudadano generalísimo en diferentes memorias, y ahora se amplifican con esta nueva ocurrencia; sin embargo de todo, en honor de la Confederación, libra orden este gobierno al ciudadano comandante de aquel contingente en Cumaná y a sus particulares comandantes para estimularlos a una marcha voluntaria; y de la energía de aquel jefe, pueden esperarse favorables resultados.
Como este comisionado expresó también la suma necesidad de fusiles y armas en medio de la conocida y notable escasez de este útil; ansiosos por cooperar a la salvación de la patria se aprontará para dentro de cuatro ó cinco días, un número de ciento y cincuenta ó doscientos de ellos, que remitirá a Cumaná a la disposición de Robertson, y cuando no por una vía segura, disponer su envío.
Lo que de orden del gobierno os observo, ciudadano secretario, para que os toméis la pena de elevarlo a la suprema noticia de nuestro generalísimo.
Dios os guarde.
Palacio y julio 10 de 1812.
II de la independencia a la una de la madrugada.
Esteban de Herrera,
Secretario de Estado
Honorable ciudadano secretario del honorable generalísimo de las armas de la República.