Victoria, 14 de julio.
Mi querido Manuel María: He recibido tus tres cartas de 12 y 13 del corriente, y he impuesto al general de sus contenidos.
Allá van una partida de marineros, y también M. Dupín que es excelente oficial de marina. El general te encarga que tengas el mayor cuidado en que los oficiales que manden nuestros buques estén de buena fe; que los individuos que estén en prisión por sospechas, los tengas con la mayor seguridad; que los vecinos que igualmente sean sospechosos, los aprisiones con grillos, los pongas en un pontón y en caso preciso los eches a pique. Por último que obres con toda libertad y energía; que nombres jefes tanto marítimos como terrestres; removerlos en caso que desmerezcan tu confianza, pudiendo usar siempre que lo creas conveniente del nombre del general.
Sobre ti pesa ahora la responsabilidad de esa plaza. Tú puedes, pues, armar buques; negociarlos por cuenta del Estado; solicitar víveres, y librar las cantidades sobre la hacienda nacional; en inteligencia de que a León se le pasa la orden correspondiente.
Mil veces te tengo dicho que de las tropas que vengan de Cumaná, dejes ahí todas las que necesites; supongo que para ahora te habrá llegado el refuerzo que te fue del cuartel general.
Valezuela no tiene ahí destino fijo, ni merece al general la mayor confianza, pues tiene a su suegro y mujer con el enemigo; obra con él como te parezca más prudente y sepáralo de esa plaza si lo juzgas prudencial en ella.
Es preciso, Manuel, que te imagines que tú ahí eres todo, y que tus providencias serán sostenidas. Vigor y previsión, y cuenta con tu apasionado.