Mayo de 1812.
Mi apreciado amigo:
El ciudadano Juan José Maya, que ha visto con el mayor horror y sentimiento la conducta de su hermano, ha pensado dirigirle la adjunta carta, en que pintándole el dolor en que se halla por una acción tan negra y pérfida, le indica su estado de desesperación, el resultado fatal que va á tener el partido que ha abrazado, por la infalible victoria de nuestras armas, y la opinión declarada del arzobispo sobre nuestro sistema.
Su objeto es principalmente tratar de desviarlo de sus ideas contrarias á nosotros, en cuanto puedan sernos perjudiciales, y que el temor de nuestras tropas, y la conducta del prelado obren los efectos de intimidar al enemigo, y de que el mismo P. Maya, cuando no haga esfuerzos á nuestro favor, no los empeñe en en contra. Pero todo se deja á la discreción de Vd. Vea la carta, y si considera que puede convenir á sus medidas, tome las que le parezcan conducentes á dirigirla.
Mi corazón, amigo mío, no puede resistir á los generosos sentimientos que veo en otro. Maya, el joven, va á perder el juicio con la acción atribuida á su hermano, y creo que la tristeza y el pudor van á decidir la suerte de su tranquilidad futura.
Si sus públicas manifestaciones y esas vergonzosas reconvenciones pueden aliviar el espíritu de un hombre de bien, es muy justo que se le auxilie en cuanto sea compatible con el sistema común.
Gradúelo Vd. Pues y mande cuanto quiera á su afmo. Servidor, apasionado y amigo por principios.
F. Paúl.