Colombeia

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Mesía, Teniente de Infantería y Don Guillermo de Cis, Ciru­jano Mayor de la Expedición de Sonora, pues todos estos sujetos se decían cómplices de tan maldita cabala. Pero tal vez la justicia económica exigiría que no fuese una misma la suerte guardándose la debida proporción de los sacerdotes y de los legos, de los poderosos y de los pobres, aunque se tratase de un delito de lesa Majestad de segunda clase. Lo cierto es que en nada de esto encuentra V. S. I. la menor injusticia (a lo menos así lo asegura) y por consecuencia tampoco la hallará en la respuesta dada por el subdelegado Valera a uno de nosotros, cuando excusándose a hacer la declaración a gusto del mismo juez, y exponiéndole que acaso S. M. daría comisión a otra persona para averiguar la realidad de lo acaecido a V. S. I. le dijo: que en tal caso tenía el arbitrio de responder a las preguntas que se le hicieran, que él había informado de la enfermedad de V. S. I. al Señor Virrey desde Sonora, y que ya no se acordaba de nada. Tampoco hallará V. S. I. injusto, que no habiéndosele hecho a Don Antonio Fabean de Quesada otro cargo que el de haber venido de Sonora sin licencia por escrito, no obstante que hizo su viaje en compañía del mismo que se la había de dar, esto es, V. S. I. caminando a su lado y dentro de su mismo coche, sin manifestarle jamás el menor desagrado por su vuelta a la capital, hubiese padecido este infeliz la propia prisión y los propios trabajos que nosotros. Y no hay que decir que también se le argüía de no haber quemado una carta que nosotros le escribimos, por­que si ésta fuese culpa, en la misma habían incurrido los Depen­dientes de V. S. I., Valera, Mangino, Gorres y Linares, y éstos se han estado paseando y divirtiendo en México, llenos de satisfacciones y faustos, mientras el viejo y achacoso Fabean estaba metido entre cuatro paredes, careciendo inhumanamente de un médico que le curase de sus males. No es extraño que a V. S. I. parezca justo todo este procedimiento, pues se trata de causa propia, pero nadie habrá en el mundo que le tenga por tal; hasta aquí la experiencia nos acredita, que aun aquellos que de muy lejos han sido