V. S. I. cuando se hallaba casi libre de sus pasados accidentes, no pudo dejarnos de confesar que conocía la verdad de nuestros informes. También se ha sabido la comisión que se encargó a Don Bernardo de Gálvez, por el fraile a nombre de V. S. I. al enviarlo de Chiguagua a México; y es que negara a todos sin exceptuar al señor Virrey, el estado infeliz en que V. S. I. se había hallado en Sonora, y que no le sirviera de embarazo el haber informado de él a S. E. a una con nosotros. Tampoco se ha ocultado la conversación que el mismo fraile y Don Bernardo tuvieron en la Hacienda de la Zarca, cuando recelándose con razón que el sobrino de V. S. I. no cumpliría en México los encargos que se le habían hecho en Chiguagua, antes bien que serviría de estorbo para el atropellamiento que ya entonces se maquinaba contra nosotros, se resolvió que quedase en la Nueva Vizcaya; y ese mal fraile tuvo también atrevimiento de aconsejarle que no quisiera sostener lo que se había escrito de la enfermedad de V. S. I. y cometer una muchachada con la aprehensión de honor, y viendo que Don Bernardo, como correspondía a su buen modo de pensar, no se convino a semejante proposición, llegó a amenazarle con que no tenía la cabeza muy segura sobre los hombros, pues era tan picaro traidor como todos nosotros. Jamás nos acordamos de este suceso sin que se mezcle la ira que nos causan las expresiones infames de ese indignísimo fraile, con la admiración de que el sobrino de V. S. I. hubiese podido reprimir su pundonorosa viveza y dejar sin castigo la insolencia de quien tan afrentosamente ofendía su estimación y la de sus amigos.
Sería largo referir lo que sabemos dijo V. S. I. de nosotros en el camino y las cartas que se esparcieron desde la Hacienda de Santa Catalina y México, a fin de persuadir a todos que nosotros habíamos sido unos ingratos, y que las voces que habían corrido de su enfermedad fueron imposturas nuestras. Tampoco haremos mención de la resolución en que V. S. I. estuvo de anticipar nuestro arresto en Durango, y sólo diremos a V. S. E. que podemos probar que cuando fuimos presos en Zacatecas, quitándosenos nuestros