Colombeia

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cuya segura inteligencia debíamos proceder, ya que preferíamos alejarnos de un Jefe que en sus acciones nos había sido verdadero padre. Bien considerados los cortos y muy significativos períodos de la citada carta de V.S.I., nos tomaremos la licencia de contestarla con alguna difusión, suponiendo que V.S.I. llevará a bien que unos Dependientes que fueron suyos (y no de los menos favorecidos) en uso de la libertad que al presente logran de escribir, y de que han estado privados rigurosísimamente por el espacio de ocho meses, desahoguen en lenguaje respetuoso y sincero, sus justos sentimientos con un Jefe que aún ahora no se desdeña de llamarse su verdadero padre. Muestre V.S.I. que no es vano ni de mero cumplimiento este epíteto, prestándonos un poco de atención. V.S.I. dice que nosotros estamos muy distantes de conocer que ha practicado cuanto podía ceder en verdadero bien nuestro, y pues esto ciertamente no se infiere de ninguna de las cláusulas de nuestra carta de 19 de diciembre, porque en ella todo respira seguras confianzas de la protección de V.S.I. es necesario que una tan contraria interpretación del sentido de nuestras expresiones provenga de otro principio, que no es difícil rastrearlo. Lo dificultoso es conciliar con este principio la ninguna duda que le queda a V.S.I. de haber ejecutado en nuestro negocio, cuanto podía sernos conveniente. Pero hablemos con más claridad, y prescindiendo de que V.S.I., rogado por nosotros a fin de que se nos diera una satisfacción proporcionada al agravio que ha padecido injustamente nuestra honra, se desentiende de aquella reverente instancia, dando a entender que estábamos resueltos a cumplir la resolución del Excmo. Señor Virrey, como si el resignarse a una violencia fuese lo mismo que contentarse a estar gustoso con ella; buscaremos en el origen los motivos de la desconfianza de V.S.I. en orden al conocimiento del favor y patrocinio que nos asegura haberle debido, y verá V.S.I. que tampoco a nosotros se nos esconden. Verdad es que si lo contrario nos sucediese, seríamos, con razón, reputados por los hombres más idiotas y necios del universo.