tardes a ver la fábrica cuando salía a paseo; pero que concurrió con sus limosnas, es enteramente falso, porque la Iglesia no se merece en todo el tiempo que la gobierna, siquiera un ornamento de tafetán; dos tiene para los días solemnes de primera y segunda clase, el uno es dádiva del Illmo. Señor Don Fr. Juan Lazo de la Vega, de gloriosa memoria y el otro es el que era de los Jesuítas, como asimismo todos los demás muebles que hay en dicha iglesia algo decentes. Lo único que merece la iglesia es la obra pía que hizo el pasado año del 81, cuando se trataba de la extinción de la plata, y fue el caso que hallándose en la caja donde se conservan los caudales, remanentes de los Jesuítas, destinados a dicha iglesia, al pie de 30 mil pesos en plata fuerte, por haberlos dado S. M. de sus cajas reales, y el Illmo. Los extrajo reponiéndolos en plata macuquina, y la iglesia perdió más del tercio de ella.
También informa a Su Majestad que ha levantado y erigido un hospital de caridad para las mujeres; éste es el hospital nombrado San Francisco de Paúl, obra que por su antigüedad, nadie ignora que se debe a la piedad del dicho Illmo. Don Fr. Juan Lazo de la Vega; lo único que hizo el señor de Echevarría, fue terraplenar algunos agujeros del suelo, coger algunas goteras que por el abandono y desidia que había en el cuidado de dicho hospital, se habían formado; dio lechada o hizo blanquear sus salas, mandó a hacer cuatro catres de cuero y de aquí levanta su mérito y representación a la Corte, haber erigido y fomentado un hospital de caridad para las mujeres.
Otro hospital de caridad que es el de San Juan de Dios, su existencia se debe al celo de la caridad de los padres de dicha comunidad, a las dichas limosnas con que el pueblo contribuye, entrando en el número de éstos el señor obispo, con la limosna de cuatro reales que da todas las semanas para dicho hospital, y esto solo le basta para representar a S. M. que lo ha fomentado y mantiene.
Lo mismo sucede con el hospital de San Lázaro que existe extramuros de la ciudad. El pueblo compadecido de aquellos pobres afligidos con una enfermedad tan penosa, no se niega a contribuir diariamente con copiosas limosnas para su sustento; también es