Colombeia

Enemigos, que tal vez podrían estar encubiertos en el Ataque del Rio &c… y que estos alarmasen todo el Campo; nos acercaremos con el maior silencio a la Orilla del Mar por aquella parte que mira al frente de su batería de cañones, buscando siempre el ángulo muerto A. del costado derecho, que no está flanqueado por fuego alguno de dicha batería, (la qual estará distante a lo mas medio tiro de fusil) y hechando en tierra un hombre o dos de satisfacción, para que hagan la descubierta con exactitud, y silencio, examinando si está tranquilo el Campo, y guardia de dicha Batería, buelban a bordo con este aviso… ínterin las Lanchas arrojarán un Ferro con su cabo á distancia proporcionada para poder con maior facilidad hazerse á fuera siempre que la ocasión lo pida. Esto executado, y con la seguridad de que no hemos sido sentidos por el Enemigo se desembarcará con el mayor silencio, y prontitud toda la Tropa, que se halla á bordo de las expresadas cinco Lanchas, mandada por sus respectivos Oficiales (para lo qual sería conveniente lleven solo sus chupas, calzones y Alpargatas; dejando la casaca, Medias, y Zapatos, que son embarazosos en este caso) y formada en batalla marchará A paso corto hacia la expresada Batería, haciendo alto á la distancia media entre esta, y la Orilla del Mar, para ocurrir con prontitud y orden donde se llame: mientras yo (si V. S. tiene á bien confiarme la acción) con los treinta hombres armados de Sable, y Pistolas, y los Artilleros para clavar los cañones, me dirijo con viveza é intrepidez hacia la citada Batería enemiga para dar el golpe de mano, en esta forma. Hago formar con dicha gente un pequeño Pelotón bien ordenado, precedido de un Cavo, y quatro hombres de valor con el objeto de sorprehendér, y matar las primeras centinelas Enemigas, que se encuentren y arrojándome al mismo tiempo con la demás gente Sable en mano sobre la Batería, (pues de la Pistola solo se devera usar en caso mui urgente por no alarmar los puestos inmediatos) paso la Guardia á Cuchillo; que es regular repose en la vigilancia de sus centinelas; á cuio tiempo los Artilleros con la
enemigos, que tal vez podrían estar encubiertos en el ataque del río y que éstos alarmasen todo el campo. Nos acercaremos con el mayor silencio a la orilla del mar, por aquella parte que mira al frente de su batería de cañones, buscando siempre el ángulo muerto A., del costado derecho, que no está flanqueado por fuego alguno de dicha batería —la cual estará distante a lo más medio tiro de fusil— y echando en tierra un hombre o dos de satisfacción, para que hagan la descubierta con exactitud y silencio, examinando si está tranquilo el campo y guardia de dicha batería y vuelvan a bordo con este aviso. interin, las lanchas arrojarán un ferro con su cabo a distancia proporcionada, para poder, con mayor facilidad, hacerse afuera siempre que la ocasión lo pida. Esto ejecutado y con la seguridad de que no hemos sido sentidos por el enemigo, se desembarcará con el mayor silencio y prontitud, toda la tropa que se halla a bordo de las expresadas cinco lanchas, mandadas por sus respectivos oficiales (para lo cual sería conveniente lleven sólo sus chupas, calzones y alpargatas, dejando la casaca, medias y zapatos que son embarazosos en este caso) y formada en batalla, marchará a paso corto hacia la expresada batería, haciendo alto a la distancia media entre ésta y la orilla del mar, para ocurrir con prontitud y orden donde se llame, mientras yo (si V. S. tiene a bien confiarme la acción) con los 30 hombres armados de sable y pistola y los artilleros para clavar los cañones, me dirijo con viveza e intrepidez hacia la citada batería enemiga, para dar el golpe de mano en esta forma. Hago formar con dicha gente un pequeño pelotón bien ordenado, precedido de un cabo y cuatro hombres de valor, con el objeto de sorprender y matar las primeras centinelas enemigas que se encuentren y arrojándome al mismo tiempo con la demás gente, sable en mano, sobre la batería (pues de la pistola sólo se deberá usar en caso muy urgente para no alarmar los puestos inmediatos) paso la guardia a cuchillo, que es regular repose en la vigilancia de sus centinelas, a cuyo tiempo los artilleros con la