el terreno es sumamte. pobre y arenisco, andaríamos como siete millas, todo lo mismo.—sin embargo la industria de los abitantes es tal que mucha parte esta cubierto de excelentes maisales, y lo que es mas de mui buen tabaco, para lo que debemos suponer estorcolan y preparan la tierra en un grado superlativo.—á las 5 fuimos á recalar al que llaman the Theeparty.—Los sábados por la tarde Los negociantes y Damas del Lugar, se juntan en una casilla de Campo á tres millas de distancia que para el efecto tienen alquilada, y alli toman thé y veben un vaso de Punche hasta el ponerse el sol que se retiran á casa.—el gasto se paga por subscripción entre los hombres, quienes tienen derecho de llevar las Damas y forasteros de nota que llegan á la Ciudad.—aqui pues encontramos una colección de 20 damas, y como otros tantos hombres; tomamos sociablemte. nuestro thé y después salimos todos promiscuamte. á dar un paseo pr la inmediación en un árbol cerca de la casa avia atravesada una vara, y puesta una cuerda al proposito para columpiarse las Damas; efectivamte. una de ellas se plantó en palestra, y columpió que era un prodigio, otra tomó el puesto después, y asi concluió la fiesta.— entre ellas se distinguía por su buen parecer miss Smith (llena de afectación) y por sus finos modales y afabilidad Mrs. Hopkins.— todos nos retiramos, yo estuve con Mr. & Mrs. Clark hasta las 9 y luego á casa.
Andaríamos como siete millas en un terreno sumamente pobre y arenisco. Sin embargo la industria de los habitantes es tal, que una gran parte está cubierta de excelentes maizales y lo que es más, de muy buen tabaco, por lo que debemos suponer estercolan y preparan la tierra en un grado superlativo. A las cinco fuimos a recalar a lo que llaman "tea party". Los sábados por la tarde, los negociantes y las damas del lugar se reúnen en una casita de campo a tres millas de distancia, que tienen alquilada para el efecto, y allí toman té y beben un vaso de punch hasta la puesta del sol que se retiran a sus casas. El gasto se paga por suscripción entre los hombres, quienes tienen derecho de llevar las damas y forasteros de nota que llegan a la ciudad. Así pues encontramos una colección de veinte damas y como otros tantos hombres. Tomamos socialmente nuestro té y después salimos todos juntos a dar un paseo por las inmediaciones. En un árbol cerca de la casa había una vara atravesada y puesta una cuerda a propósito para columpiarse las damas. Efectivamente una de ellas se plantó en palestra y columpió que era un prodigio, otra tomó el puesto después y así concluyó la fiesta. Entre ellas se distinguían por su buen parecer, Miss Smith (llena de afectación) y por sus finos modales y afabilidad, Mrs. Hopkins. Todos nos retiramos y yo estuve con Mr. Y Mrs. Clark hasta las nueve y luego a casa.