Colombeia

de Campo de John Ovreng, Esqr. donde fue sorprendido y hecho prisionero el gen1. Prescot, comandante genl, de la Ysla, pr. una partida de americanos que al efecto desembarcó en la obscuridad de la noche, le sacó de su Cama, y por el medio de su Exercito y fragatas de guerra que allí avian apostadas, se lo llevaron antes que nadie sintiese el robo.—La casa es pequeña y estará distante 4.1/2 millas de la Ciudad, sobre el camino real, a cosa de 3/4 de milla del mar, pr. el parage que llaman Reduard'screek, donde desembarcaron los americanos baxo el comando del Corl. Barton en una partida de 30 hombres embarcados en 3 botes.—su salida la hizieroví á cosa de ponerse el sol 12 millas de distancia, viniéndose siempre al remo por no ser observados de las fragatas y botes de guardia que avia apostados por toda la Ysla.—efectivamte. Al favor de la noche, y de su buen manejo, y conosimiento del terreno, lograron desembarcar sin ser sentidos, se dirijieron á la casa pr. Medio de un maisal, engañaron con astucia la sentinela, que estava á la Puerta de dha. Casa, y se sacaron al Comandante en Gefe de la Ysla, y su Edecán en camisa (entre 12 y 1 de la noche) de en medio de todo su exercito y Esquadra, sin que puesto alguno lo sintiese
de campo de John Overing, Esq.; donde fue sorprendido y hecho prisionero el general Prescott, comandante general de la isla, por una partida de americanos que al efecto desembarcó en la oscuridad de la noche, lo sacó de su cama, y se lo llevaron en medio de su ejército y fragatas de guerra que había allí apostadas, antes que nadie sintiese el robo. La casa es pequeña y estará distante cuatro y media millas de la ciudad, sobre el camino real, a cosa de tres cuartos de milla del mar, por el paraje que llaman Redwood Creek, donde desembarcaron los americanos bajo las órdenes del coronel Barton, en una partida de treinta hombres, embarcados en tres botes. Salieron al ponerse el sol desde doce millas de distancia, viniendo siempre al remo para no ser observados por las fragatas y botes de guardia que estaban apostados por toda la isla. Efectivamente, al favor de la noche y de su buen manejo y conocimiento del terreno, lograron desembarcar sin ser sentidos, se dirigieron a la casa a través de un maizal, engañaron con astucia al centinela que esta­ba a la puerta de la casa, y se sacaron al comandante en jefe de la isla y a su edecán, en camisa, entre las doce y una de la noche, en medio de todo su ejército y escuadra, sin que puesto alguno lo sintiese,