Colombeia

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El mayor André hizo observar que esta carta no podía tener fuerza en el caso en cuestión, pues fue escrita en Nueva York, cuando él estaba bajo las órdenes del general Clinton, pero que tendía a probar que no era su intención venir dentro de nuestras líneas. Habiendo interrogado la Junta al mayor André sobre su idea de venir a tierra bajo protección de una bandera, dijo que era imposible para él suponer que habría bajado a tierra bajo aquella protección y añadió: que si llegó a tierra con esta protección indudablemente podía haber regresado bajo ella. El mayor André, después de reconocer los hechos precedentes y de ser preguntado si tenía algo que decir respecto a ellos, contestó que los dejaba a la interpretación de la Junta. Después de concluir el interrogatorio del mayor André, éste quedó bajo custodia. Las siguientes cartas fueron expuestas y leídas ante la Junta: —Carta de Benedict Arnold al general Washington, fechada el 25 de septiembre de 1780; —Carta del coronel Robinson al general Washington, fechada el 25 de septiembre de 1780 y —Carta del general Clinton, fechada el 26 de septiembre de 1780 (incluyendo una carta de la misma fecha de Benedict Arnold) al general Washington. 25 de septiembre de 1780 "A bordo del "Vulture"' "Señor: "El corazón que es consciente de su propia rectitud, no puede arriesgarse a paliar una medida que el mundo pueda censurar como incorrecta; he actuado siempre por el principio de amor a mi país, desde el comienzo de la actual desafortunada contienda entre Gran Bretaña y las colonias; el mismo principio de amor por mi patria impulsa mi actual conducta, a pesar de que pueda parecer contradictoria ante los ojos del mundo, que rara vez juzga bien las acciones de los hombres. "No tengo ningún favor que pedir para mí. He experimentado demasiado a menudo la ingratitud de mi patria para intentarlo, pero por la reconocida humanidad de Su Excelencia, me veo inducido a pedir su protección para la señora Arnold, de todo insulto e injuria a la que la equivocada venganza de mi país pueda exponerla también. Debiera de recaer únicamente sobre mí; ella es tan buena e inocente como un ángel, y es incapaz de hacer mal. Suplico que le sea permitido regresar donde sus amigos en Filadelfia, o venir donde mí, como ella elija; por parte de Su Excelencia no tengo temor