la Luna percivio el peligro y mandó virar, solo estavamos á dos cumplidos del barco (sic) de los arrecifes, y la embarcación hiva a vela llena hechando 7 millas… es uno de los peligros mas inminentes en que jamas me he visto..! finalmente después de aver corrido por ensima de estos bajos como diez millas sobre 3, y menos brazas de agua (por fortuna el viento soplava de la Costa) nos desembarazamos del riesgo, y dimos mil gracias al capitán por el peligro en que su imprudencia nos metió—. El 10 tuvimos viento fuerte del N. O. que aumentando mas, y mas, vino a ser un temporal desecho que duró sin intermisión hasta el 17; obligándonos a capear casi todo este tiempo, porque el vagel no podia sufrir la vela: dos circunstancias en mi concepto nos redimieron de este segundo riesgo—primera el que el viento soplava de la Costa, y por consequencia nos alejava de este escollo—segunda la calidad, y qualidad de la embarcación; pues sin embargo de que la mar y el viento nos querían comer, y por confesión de los mismos marineros jamás avian visto otra semejante, ni hizo agua, ni rindió palo alguno con el balance,—a las 5 de la mañana del proprio dia el viento se llamó al N, y el mar viniendo mas apacible hicimos vela en demanda del Delaware, hasta el 19 a las ocho de
luna, percibió el peligro y mandó virar, sólo estábamos a dos cumplidos del banco de los arrecifes y la embarcación iba a vela llena echando siete millas. ¡Es uno de los peligros más inminentes en que jamás me he visto! Finalmente, después de haber corrido por encima de estos bajos como diez millas sobre tres y menos brazas de agua (por fortuna el viento soplaba de la costa), nos desembarazamos del riesgo y dimos mil gracias al capitán por el peligro en que su imprudencia nos metió. El 10 tuvimos viento fuerte del N. O. que aumentando más y más, vino a ser un desatado temporal que duró sin intermisión hasta el 17, obligándonos a capear casi todo este tiempo, porque el bajel no podía soportar la vela. En mi concepto, dos circunstancias nos redimieron de este segundo riesgo: primero, el que el viento soplaba de la costa y por consecuencia nos alejaba de este escollo; segundo, la calidad de la embarcación, pues a pesar de que la mar y el viento nos querían comer y por confesión de los mismos marineros jamás habían visto otra semejante, no hizo agua ni rindió palo alguno con el balance. A las cinco de la mañana del mismo día, el viento saltó al norte y el mar viniendo más apacible, hicimos vela en busca del Delaware, hasta el 19 a las ocho de