Colombeia

de Cañón le quitó durante el ultimo sitio en que la Plaza fue tomada por los Británicos. No hai Theatro, ni Espectáculo alguno; el único parage donde las mugeres se vén en numero general es la Iglesia, en los dias Domingos, y de aqui resulta que el numero de la congregación es siempre por lo general crecido y mui lucido—el interior de las Iglesias es Sensillo, y mui aseado lo qual contribuie a hacer el parage mas agradable, y dá lucimiento al concurso—las ho­ras del servicio por la mañana son las 10, y media, y por la tarde las quatro; a cuia hora tampoco falta concurrencia pues como el objeto de la juventud no solamte es el celo de religión, y que ni hai Paseos ni parages Públicos de concurrencia, la Iglesia lo suple todo—una prueva de ello es que la gente anciana y Padres de familia casi no concurren del todo, y por casualidad se ve uno en la Iglesia! A pocos dias de mi llegada mereci al general Green el favor de que embiase su edecán el major Eduards para que me manifestase militarmente las fortificaciones de la Plaza—efectivamte tomamos nuestros caballos a la punta del dia, y con bastante excrupulosidad lo examinamos todo—. Las que circuien la Plaza (que son bien ex
de cañón le quitó durante el últi­mo sitio en que la plaza fue tomada por los británicos. No hay teatro ni espectáculo alguno. La iglesia es el único sitio donde puede verse un gran número de mujeres los domingos, y de aquí resulta que el número de la congregación es siempre, por lo general, crecido y muy lúcido. El interior de las iglesias es sencillo y muy aseado, lo que contribuye a hacer el sitio más agradable y da lucimiento a la concurrencia. Las horas del servicio son: por la mañana a las diez y media y por la tarde a las cuatro, a cuya hora tampoco falta concurrencia, pues como el objeto de la juventud no solamente es el celo religioso, y no hay paseos ni sitios públicos de concurrencia, la iglesia lo suple todo. Una prueba de ello es que la gente anciana y padres de familia casi no concurren y por casualidad se ve uno en la iglesia! A pocos días de mi llegada, merecí al general Greene el favor de que enviase su edecán, el mayor Edwards, para que me mostrara militarmente las fortificaciones de la plaza. Efectivamente tomamos nuestros caballos al despuntar el día y con bastante escrupulosidad lo examinamos todo. Las que circundan la plaza (que son bien ex