pasamos el resto del dia en su compañía, tuvimos su poco de música en que mada tort tocó mui bien el Clave, y su hermanamte. michel cantó una aria en el mejor gusto Ytaliano.—y a las 11. cada uno se fue á su casa.
2.
Almorzamos juntos en el palacio de Suecia con la idea de hir en compañía á visitar Constantinopla—efectivamte. á eso de las 9. emprendimos la marcha mr. Adlerherg, mr. Scarin, Mr. Paul Dragomán de la propa embajada, y io, con nuestro genizaro á la testa—atravesamos Galata, y nos embarcamos en una de las escalas del sitio que llaman Tophará para pasar por el puerto a la parte opuesta por donde entramos en Constantinopla—calles estrechísimas, obscuras, y no mui limpias, tienen sus marchapie extrechos, que hacen el marchar pr. la calle mas incomodo, y el empedrado es desigual… las subidas, y baxadas aun de las colinas sobre que está plantada dha ciudad fatigan infinito al caminante, y le harían intransitable para nuestros coches… y no se olvide que la multitud de perros, y gatos que en ellas viven constantemte., sin conosér otro domisilio, ni amo, es un otro obstáculo al pasagero: y mas si es franco, á quien ladran y persiguen estos animales—pasamos pr. el mercado, ó tiendas de frutas, que todo este ramo está junto, y con bate. Limpieza.. luego por la zapatería—después la ferrugeria—hevanistas &c… pues todos los ramos de oficios, y negocio están juntos.—
Pasamos el resto del día en su compañía, tuvimos su poco de música, en que la señora Tort tocó muy bien el clave y su hermana, la señorita Michel, cantó un aria en el mejor gusto italiano. A las once, cada uno se fue a su casa.
2 de agosto.
Almorzamos juntos en el Palacio de Suecia con la idea de ir en compañía a visitar Constantinopla. Efectivamente, a eso de las nueve, emprendimos la marcha el señor Adlerberg, el señor Scarrin, el señor Paul, Dragomán de la propia Embajada, y yo, con nuestro jenízaro 11 a la cabeza. Atravesamos Gálata y nos embarcamos en una de las escalas del sitio, que llaman Tophane, para pasar por el puerto a la parte opuesta por donde entramos a Constantinopla. Calles estrechísimas, oscuras y no muy limpias, tienen sus «marchepied» estrechos, lo que hace más incómodo el marchar por las calles y el empedrado es desigual. Aun las subidas y las bajadas de las colinas sobre las que está plantada dicha ciudad, fatigan infinito al caminante y la harían intransitable para nuestros coches. Y no se olvide que la multitud de perros y gatos que en ellas viven constantemente, sin conocer otro domicilio ni amo, es otro obstáculo al pasajero y más si es franco, a quien ladran y persiguen estos animales. Pasamos por el mercado o tiendas de fruta, que todo este ramo está junto y con bastante limpieza. Luego por la zapatería, después la herrería, ebanistas, etc., pues todos los ramos de oficios y negocios están juntos.