Colombeia

y finezas, quedando en qe. el primo me guiaría en la Ciudad, y el 2o en la Campa donde se hallava con toda su familia, y me combidava apasár algunos días en su Compa—por la noche me llevaron en Casa de mr. Frcmeaux (qe tambn. avia venido á verme en mi ausencia) riquísimo negociante oiandes, y que vive con gran explendór en una hermosísima casa; donde se hacia aquella noche la sociedad, y asi encontré mas de 30 personas de ambos sexos que se entretubieron pr. la mr. pte., ó absoíutamte. en jugar á los naipes una persona solo que quedó desocupada Mr. Enslie me dio combersacion, y le encontré sugeto amable, é instruido con quien formé amistad desde entonces, á las 11. Á dormir. 6. A comer con Mr. Hochepied, en cuia compañía alié varios sugelos de la noche antecedte., y lo pasamos sociablemte. hasta tomar el café que es la hora de marcharse cada uno, porqe. en el país se duerme la siesta.—pr. la tarde á los consavidos Jardines todos los griegos cantando spre.; y les párese que no puede avér diversión sin música y después al cónsul de Francia q. me presentó al Casino, ó parage de Sociedad en qe. se reúnen pr. subscripción todos los comerciantes á la noche, se juega á los naipes, y se leen las gazetas Europeas, con alguna taza de café, y vaso de limonada, qe. viene de quando en quando… bastante desente, y reglado todo.

y finezas, quedando en que el primero me guiaría en la ciudad, y el segundo en la campiña, donde se hallaba con toda su familia y me convidaba a pasar algunos días en su compañía. Por la noche me llevaron a casa del señor Fremaux, que también había venido a verme en mi ausencia, riquísimo negociante holandés que vive con gran esplendor en una hermosísima casa, donde se hacía aquella noche la sociedad. Así encontré más de treinta personas de ambos sexos que se entretuvieron por la mayor parte o absolutamente, en jugar a los naipes. Solo una persona quedó desocupada, el señor Enslie, quien me dio conversación y encontré sujeto amable e instruido, con quien formé amistad desde entonces. A las once a dormir. 6 de julio. A comer con el señor Hochepied, en cuya compañía hallé varios sujetos de la noche antecedente y lo pasamos sociablemente hasta tomar el café, que es la hora de marcharse cada uno, porque en el país se duerme la siesta. Por la tarde, a los consabidos jardines; todos los griegos cantando siempre y les parece que no puede haber diversión sin música, y después, al Cónsul de Francia, quien me presentó al Casino o paraje de sociedad en que se reúnen en la noche, por suscripción, todos los comerciantes. Se juega a los naipes y se leen las Gacetas Europeas —con alguna taza de café y vaso de limonada— que llegan de cuando en cuando. Bastante decente y bien reglado todo.