Colombeia

5. temprano hize que me diera mi Criado una taza de Té, y sali á dar un paseo por las circunferencias, desde este caravanseras se vé perfectamte. el celebre monte olimpo, y aun el golfo de salona qe. esta enfrente—y es tambn. el sitio del antiquísimo reino de Sion… para ver un poco los Caminos y un Puente que avia alli inmediato, y que seguramte. no están, ni uno ni otro en mejor estado que la Posada—en esta vi una gran tinaja de barro antiquísima que el Patrón avia desenterrado en un parage circunvesino, y no dexa de ser tambn. una antigüedad griega.—y me acaeció una cosa singular, qe un griego que hiva á caballo viéndome á pie, y creiendo que io seguía mi ruta de esta manera, se desmontó inmediatamte., y quería absolutamte. que io tomase su Caballo, y él seguir a pie, hasta que consivio que io solo tomava un Corto paseo, y que mi rutta la seguia pr. mar—á las 11. del dia tuve aviso del Calabuquiery (qe. asi llaman á los Patrones de embarcaciones) de venir á bordo pr. que el tiempo avia ia serenado un poco, y asi partí inmediatamte., después de aver hecho una frugal comida; aunqe. contra la opinión de mi criado, que era un gran collón pa el mar—seguimos pegados á la costa, y logramos adelantar hasta la noche 20 mills dando fondo en un abrigo que forma la Plaia, y donde avia varios otros Caiquios que pasavan gente á la otra parte de Albania, justamte á las faldas del Helicón, y del Olimpo qe. se ven distintamte. desde el mar, para segar la cosecha de trigo que ia estava en sason pr. todo este Pais. 6. Temprano seguimos nuestra costa, pasando pr. Las Llanuras, que llaman de Corinto, y son verdaderamte. Hermosísimas á la vista, ocupando una extensión de mas de 20. mill: de largo y 10. de ancho, bien cultivadas de trigo principalmte., olivos, y Pasolina
5 de junio. Temprano hice que mi criado me diera una taza de té. Desde este caravasar se ve perfectamente el célebre Monte Olimpo y aún el golfo de Salónica que está enfrente, y es también el sitio del an­tiquísimo reino de Sión. Salí a dar un paseo por los alrededores para ver un poco los caminos y un puente que había allí inmediato y que seguramente no están, ni los unos ni el otro en mejor estado que la posada. En ésta vi una gran tinaja de barro, antiquísima, que el patrón había desenterrado de un paraje circunvecino y no deja de ser también una antigüedad griega. Me acaeció una cosa singular: que un griego que iba a caballo, viéndome a pie y creyendo que yo seguía mi ruta de esta manera, se desmontó inmediatamente y quería absolutamente que yo tomase su caballo y él seguir a pie, hasta que concibió que yo solo tomaba un corto paseo y que mi ruta la seguía por mar. A las once del día tuve aviso del «carabuquiery» —que así llaman a los patrones de embarcaciones— de venir a bordo, porque el tiempo había ya serenado un poco y así partí inmediatamente, después de haber hecho una frugal comida, aunque contra la opinión de mi criado que es un gran collón para el mar. Seguimos pegados a la costa y logramos adelantar hasta la noche, 20 millas, dando fondo en un abrigo que forma la playa y donde había varios otros caiques que pasaban gente a la otra parte de Albania, justamente a las faldas del Helicón y del Olimpo, que se ven distintamente desde el mar, para segar la cosecha de trigo que ya estaba a punto en todo este país. 6 de junio. Temprano seguimos nuestra costa, pasando por las llanuras que llaman de Corinto y son verdaderamente hermosísimas a la vista, ocupando una extensión de más de 20 millas de largo y diez de ancho, bien cultivadas, principalmente de trigo, olivos y pasolina.