Colombeia

fueron las partes principales de dha ceremonia, luego nos sirvieron dulces secos, Limonada, y café con lo qe. concluió la fiesta—mas io curioso de ver los bailarines, que ia avian intentado entrar en la sala, po el arzobispo no lo permitió en su presencia, suplique hido este que bailasen, y entraron efectivamte no se puede verdaderamte. dar una idea de la obsenidad de sus movimientos (que Juan Garandé ni Juan Garandé de la Ha va na!) usan de unas como castañetas de metal, y bailan con bastante agilidad una aria viva, y graciosa que tres ó quatro violines, y un Pandero suenan bastante bien: el vestido, y movimientos asimila el de una mugér.—al siguiente dia por la mañana aun otra cabalcada para conducir los novios al lugar del marido, y cata aqui todavía toda la Ciudad en movimiento, unos á ver, y olios á acompañar… en voila bien du kruit pour une omelette au Lard! el novio se llama Satirio hondo, y la novia Angélica Condaxi. Por las tardes estuve á dar algunos paseos á caballo, y á pie por los redores de la ciudad y campaña con el cónsul, pe­ro nada se observa de
fueron las partes principales de dicha ceremonia; luego nos sirvieron dulces secos, limonada y café, con lo que concluyó todo. Más yo, curioso de ver los bailarines que ya habían intentado entrar en la sala —lo que el arzobispo no permitió en su presenciasupliqué, ido éste, que bailasen y entraron, efectivamente… No se puede verdaderamente dar una idea de la obscenidad de sus movimientos. (¡Qué Juan Garandé ni Juan Garandé de La Habana!) Usan como castañetas de metal y bailan con bastante agilidad un aria viva y graciosa, que tres o cuatro violines y un pandero suenan bastante bien; el vestido y los movimientos asimilan los de una mujer. Al siguiente día por la mañana, aún otra cabalgata para conducir los novios al lugar del marido y cata aquí todavía a toda la ciudad en movimiento, unos a ver y otros a acompañar… «En voila bien du bruit pour une omelette au lard». El novio se llama Sotirio Londo y la novia, Angélica Condaxi. Por las tardes estuve a dar algunos paseos a caballo por los al­rededores de la ciudad y la campiña con el Cónsul, pero nada se observa de notar,