Colombeia

No disponible.
mania tiene en su seno, durante más de medio siglo, a un poderoso monarca, un Rey guerrero que todos los sabios de Europa miran como un colega, y a quien los autores pueden hablar como a una persona del oficio. Los anales del mundo apenas presentan un César, un Marco Aurelio y tal vez, un Carlomagno, que den iguales ejemplos. Porque, ¿se atrevería uno a comparar V. M. a un Alfredo, Rey de Inglaterra, a un Alfonso, Rey de Castilla, por muy grandes hombres que hayan sido y autores estimables para sus siglos? Es mirando a V. M. por ese lado, que me he tomado el atrevimiento de dirigirle esta carta. No olvido lo que Horacio decía a Augusto dirigiéndole una epístola sobre un tema de literatura. Estoy igualmente persuadido que los asuntos que os ocupan son todavía de una mayor extensión que los de un emperador romano. Pero no se ignora tampoco que en medio de tantas ocupaciones diferentes, vuestra vigilancia y alejamiento de toda diversión frívola, encuentran bastante tiempo para el estudio. Entre tantas obras que vienen