dios y fértiles en grandes hombres; o para observar cómo la cultura de las Ciencias ha retrasado, a veces, las de las Bellas Artes, y otras, ha impedido su decadencia y corrupción; o al fin, para indicar algunos temas que éstas han suministrado a obras de gusto. La Física y las Matemáticas no parecen estar sujetas a los mismos cambios de las Bellas Letras. Las investigaciones, las experiencias, los esfuerzos que se hacen para encontrar la causa de un fenómeno nuevo, pueden muy bien desviar la aplicación de otros objetos más sólidos y más importantes, para fijarla en novedades menos útiles; pero las Ciencias no contraen por esto mal gusto, como sucede en la poesía y la elocuencia, cuando se quiere retinar o elevarse demasiado. No obstante, las Ciencias y las Artes tienen esto en común: que sus progresos son lentos y que dependen, quizá igualmente, de causas externas y de circunstancias a menudo accidentales. Antes de que la astronomía adquiriera veracidad; antes de que la geometría adquiriera la amplitud, precisión y elegancia que recibió del señor Euler, de d'Alembert