Colombeia

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provienen de un deseo muy grande de novedad; que sin ocasiones favorables y sin estímulos, las artes y las letras no avanzan. Las lecturas y las reflexiones de veinticuatro años no me han hecho volver sobre estos principios; pero, encuentro que éstos merecen ser mejor explicados. Si por una parte es más seguro atenerse a las reglas y ejemplos de los grandes autores; si el deseo de adquirir un nombre por nuevos caminos puede fácilmente perdernos; no es menos cierto que la imitación y demasiado apego a los grandes maestros, nos esclaviza y estrecha nuestras ideas. Por lo demás, no estando determinado el punto de perfección sino por la opinión, y fijado por la posteridad el rango de los autores, ¿por qué nos veríamos en la obligación de quedarnos en el círculo marcado por aquellos que estuvieron antes que nosotros? ¿Cuántas veces se ha creído, en casi todas las artes, haber llegado al más alto grado, cuando más tarde se ha visto que apenas se estaba a medio camino? A decir verdad, se encontrarán en estos últimos siglos pocos grandes autores que no hayan estudiados los antiguos; pero, ¿puede decirse que sean verdaderamente los Griegos y los Latinos los que más