Señor:
La bondad con la cual Vuestra Majestad me ha permitido dedicarle el «Discurso sobre las Revoluciones de la Literatura», me hace esperar que Ella me permitirá también le exponga el origen y el plan de esta obra.
Hacia mediados de este siglo, el Abate Dubos comenzó a fijar nuestra atención sobre algunas de las épocas más notables de la Historia de las Bellas Artes. Poco tiempo después, el hijo del gran Racine hizo, sobre el mismo tema, reflexiones menos profundas, pero quizá más justas.
Era en el tiempo en que Vuestra Majestad hacía del estudio su ocupación predilecta y casi única, y que el Abate Rollin y el señor de Voltaire, que Ella hon-