dho Castillo tendrá 3 mili, de circunferencia, y dicen aquellos Turcos qe. es hecho pr. los Españoles—avitan en el mas de 200 familias: cuios informes me dio el turco custode de la Puerta, pues el comandte. aun me negava la entrada—á mi arrivo á casa hallé en ella á un negociante de Athenas llamado Mr. Roque, para quien io traía carta: este es amabilisimo sugeto, y resolvió quedarse allí con migo para seguir su viage á Napoli de Romanía pr. la mañana temprano; y como i o estava ia dispuesto tambn. para partir á la misma ora en busca de las 3. columnas que el Bey y otros me informavan están á quatro horas de distancia debiendo seguir el mismo camino, partimos juntos á las quatro de la mañana, y andando acia el sueste de la ciudad pasamos dos molinos de agua que se encuentran sobre una quebrada á una legua uno de otro, pasamos varias llanuras deliciosas y pasablemte. bien cultivadas, con algunos lugarejos pr. acá y pr. Allá… el pais montuoso pr. lo general: y aviendo marchado juntos como tres leguas llegamos á una gran llanura donde nos separamos, él tomando á la isquierda, y io á la derecha… subi varios montesuelos que me parece eran todos de marmol, cubiertos del Thima, y mirtilo iervas de qe. Hacen las abejas tan buena miel: y á nosotros nos dava el olor qe no es desagradable, y aviendo marchado como una legua mas adelante desendi á una bella llanura, en medio de la qual se descubren las 3. columnas mencionadas de orn. Dórico de una bellisima proporción, y asi mismo la ruina de las demás, y grandes cantos de marmol que repasando unos sobre otros formavan las murallas interiores (o cella)
Dicho castillo tendrá tres millas de circunferencia y dicen aquellos turcos que es hecho por los españoles. Habitan en él más de 200 familias, cuyos informes me dio el turco custodio de la puerta, pues el comandante me negaba la entrada. A mi arribo a casa hallé en ella a un negociante de Atenas llamado el señor Roque, para quien yo traía carta. Este es amabilísimo sujeto y resolvió quedarse allí conmigo para seguir su viaje a Napoli de Romanía, por la mañana temprano. Como yo estaba ya dispuesto también para partir a la misma hora en busca de las tres columnas que el Bey y otros me informaban estar a cuatro horas de distancia y debiendo seguir el mismo camino, partimos juntos a las cuatro de la mañana. Andando hacia el sureste de la ciudad, pasamos dos molinos de agua que se encuentran sobre una quebrada a una legua uno de otro. Pasamos varias llanuras deliciosas y pasablemente bien cultivadas, con algunos lugarejos por acá y por allá. El país, montañoso por lo general. Habiendo marchado juntos como tres leguas, llegamos a una gran llanura donde nos separamos, él tomando a la izquierda y yo a la derecha. Subí varios montezuelos que me parece eran todos de mármol, cubiertos de tomillo y mirto, hierbas de las que las abejas hacen tan buena miel, y a nosotros nos daba el olor que no es desagradable. Habiendo marchado como una legua más adelante, descendí a una bella llanura, en medio de la cual se descubren las tres columnas mencionadas, de orden dórico, de una bellísima proporción y asimismo las ruinas de las demás y grandes cantos de mármol, que, repasando unos sobre otros, formaban las murallas interiores —o celia—